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Cómo ven los niños pequeños las vacaciones: un tractor y ositos de gominola

niño mirando la playa

Cinco horas y media de coche con el maletero a reventar y dos niños pequeños. Al llegar a nuestro destino, mucho calor, ganas de desembarcar todos los bártulos y nervios por empezar a disfrutar. Dos horas después, ya situados y tirados en la piscina, el mayor suelta la bomba: “¿Cuándo volvemos a casa?”

Las vacaciones son algo que nos hacen una ilusión loca a los padres y que creemos que los niños van a compartir ciegamente con nosotros. Pero su visión del mundo es muy diferente, y también de las vacaciones. Casi me caigo de espaldas cuando el mayor nos preguntó, después del viaje y de estar una hora descansando en la piscina, que si en la vuelta a casa podría ver dibujos en el coche. Y más al verle la cara de angustia que se le puso al enterarse de que íbamos a estar en ese camping una semana. Sigue leyendo

Mi bebé tiene una fan que le persigue

No es una broma. Mi hijo tiene una fan que lo acosa desde los seis tiernos meses de edad. Es una niña de 8 años del pueblo en el que vivimos, que se ha encariñado con él y aparece de debajo de las piedras para hacerle carantoñas. No soy una desalmada, es que la niña fan es verdaderamente pesada, agobia a mi hijo y ya van dos veranos sin saber cómo quitárnosla amablemente de encima.

Llevaba un tiempo sin verla hasta que el otro día volvió a aparecer en la piscina de la nada llamando a grito pelado a mi hijo, que miraba al horizonte sin saber la que se le venía encima. Y sin darme cuenta, a los diez segundos había vuelto a poner su toalla pegada a las nuestras amenazando con quedarse toda la tarde.

amenaza, piscina, bebé

Este chico y su sombra amenazante me han venido al pelo para ilustrarlo 🙂

Deben de encantarle los bebés, eso dice, y se le ha metido entre ceja y ceja jugar con el mío. Pues ha ido a parar justamente con el niño más independiente de todos y que no quiere saber nada de besos ni abrazos con estraños. De hecho, aunque ella no se haya dado cuenta, él no le hace ni caso y le agobia tanto al intentar cogerle a cada segundo que, a pesar de ser muy tranquilo, ha sabido sacar lo peor de él y ya le ha intentado morder dos veces. Está desesperado perdido.

De nada vale que no le demos bola ni mi hijo ni yo, ahí sigue. Hace oidos sordos si le explico que el nene se agobia y que quiere jugar solo. Si nos vamos a la piscina, ella viene con nosotros como un miembro más de la familia. Sólo nos ha funcionado volver a recoger los bártulos, despedirnos porque nos vamos a casa y escondernos en la otra punta del césped (el verano pasado tuve que recurrir a ello), pero el riesgo de que nos espíe y vuelva a aparecer es muy alto.

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El caminante y la gorila

Estos primeros días de piscina mi hijo y yo nos hemos convertido en una simpática pareja: él un caminante, y yo, una gorila. El enano se pasa la tarde en la piscina paseando de un lado a otro por el césped, como quien hace el Camino de Santiago. De un lado a otro, sin rumbo. El problema es que hace una parada en cada toalla, haya o no gente, para fisgar todo lo que puede y más dentro de las mochilas, para mordisquear chancletas (no entiendo el gusto de hacerlo, con la mía tiene vicio) y cambiar cosas de sitio. Y si no intervengo, se divierte cogiendo algo y dejándolo en la toalla de al lado.

Está claro que no puedo perderle de vista ni un instante, y no es porque tema que se me lance a la piscina de cabeza. Al nene no le interesa el agua porque no puede caminar por ella. Se mete casi obligado, pero enseguida se escapa a investigar. Sólo lleva un mes y medio andando pero parece que lo llevara haciendo toda la vida. Estoy segura de que si contáramos los kilómetros que ha hecho, pronto me superaba.

piscina bebé

No me quejo de que no pare quieto, porque ya me he olvidado de qué era eso de tumbarse tranquilamente en la toalla durante un rato a tomar el sol. Me quejo de que desde que es un caminante (blanco no, es bastante moreno de piel) yo soy la típica madre gorila que va detrás sonriendo y arreglando desaguisados: “No, cariño, esa chancleta no se come”, “Deja esa toalla, no te tumbes ahí, bonito”, “¿Dónde estaba esta mochila de Pocoyó? ¿De dónde la has sacado?”.

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