Archivo de la etiqueta: San Fermín con un bebé

Amar y temer a la vez a los gigantes de Pamplona

gigante de cartón de Pamplona

Los gigantes de Pamplona y alrededores son toda una institución. Si eres navarro, sabrás de sobra que causan furor en los más pequeños y en muchos mayores. Están de moda y encima son de la tierra. Y como en otras cosas de la vida, ocurre que, o los adoras, o los aborreces y rechazas sin entender el fervor que despiertan. Eso les pasa también a muchos niños, algunos que incluso se debaten entre los dos sentimientos a la vez. Ése es el caso de mi hijo: adora a los gigantes y compañía, se declara fan de Caravinagre, se devora los libros de Kilikids, tiene una verga de espuma para practicar en casa y un cabezón de cartón, me pide que escuchemos la famosa canción con la que bailan… pero no quiere verlos ni de lejos.

Le aterra que los kilikis le peguen. Le despiertan un miedo atroz, ingobernable, se me deshace en lágrimas y me pide que le lleve a casa a toda pastilla. Da igual el madrugón, las prisas mañaneras, la media hora larga de villavesa (nuestro querido autobús urbano) y los codazos que hemos dado y recibido para ver en primera fila el baile de las seis parejas de gigantes por el Casco Antiguo de Pamplona.

En Sanfermines lo tenemos vetado, qué le vamos a hacer. Pero el resto del año, con la paz que da el ver las fiestas aún lejanas, yo le sigo diciendo que los kilikis no hacen daño, que si corres no te pillan, y que las vergas con las que pegan son blanditas. Sigue leyendo

San Fermín con un bebé

Un bebé lo cambia todo. Y más aún San Fermín. Si te ves identificado en alguno de estos puntos, está claro que un bebé ha entrado de forma arrolladora en tu vida y que tus sanfermines nunca volverán a ser lo mismo:

1. Organizar los Sanfermines cuesta horrores. Hay que ser previsor y empezar a prepararlo todo con un mes de antelación. Ya no basta con organizar a la cuadrilla para el almuerzo y las comidas, hay que hacer una gran labor de negociación con la pareja para ver qué día puede salir cada uno (por separado o juntos), quedar con los abuelos (porque los tíos sólo están disponibles un rato para los Gigantes, no para las noches) para ver si quieren dormir con su nieto al menos el día 6, preparar bolsos de ropa blanca, comidas… Y lo más seguro es que el día 5 te des cuenta de que tienes que comprar ropa blanca para ti porque se te ha olvidado.

2. Dominas las zonas infantiles y las más transitables con las silletas, no sales de Carlos III para arriba y abajo y, sobre todo, de Conde Rodezno, aunque ansías meterte al Casco Viejo por encima de todo, y no sólo durante los Gigantes.

3. Tienes que quedar con otros padres con silleta por las tardes para sentirte uno más en la fiesta, -sobre todo si tus amigos no tienen hijos-, porque te mueres de envidia al ver a los grupos de jóvenes.

4. Mucha gente se ha llevado la marca de tu silleta en los tobillos: Aún no dominas a la perfección el arte de conducir una silleta por entre la muchedumbre borracha y vas avasallando y rompiendo tobillos. Seguro que para el Pobre de mí ya lo dominas.

Sigue leyendo