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Una habitación infantil con detalles en rojo y pizarra

inicial de madera decorativa

Una de las razones por la que decidimos mudarnos de casa, además de que necesitábamos más espacio para el bebé y para nosotros, era darle al enano una habitación más cómoda y que fuera creciendo con él. Al final, se ha quedado con el cuarto más grande de la casa y confieso que es la que más me gusta, aunque el del bebé también va ganando terreno 🙂

Lo curioso es que la idea de decoración que tenía en un principio ha cambiado mucho en estas últimas semanas y se ha ido adaptando a lo que todos queríamos. El peque me dejó claro desde el principio que quería una habitación con paredes rojas. Algo que rechazamos desde ese momento, pero que me hizo cambiar mi idea de colores en este espacio. Era imprescindible que hubiera detalles en su color favorito. A la vez, planteamos una habitación que se adaptara a su edad y a sus gustos, aprovechando la mayoría de muebles que teníamos ya.

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Cuentos para leer a niños de dos años antes de dormir

Alrededor de los dos años de edad, -en algunos niños puede ser antes-, los niños siguen atraídos por los cuentos con texturas, pestañas o pop ups o sonidos, pero se interesan cada vez más por argumentos e historias. Gracias a la biblioteca del pueblo, estamos disfrutando tres cuentos muy recomendables a partir de esta edad y que son perfectos para leer antes de dormir.

He seleccionado tres porque es el número de historias que terminamos contando todas las noches en casa. A pesar de que yo ponga el límite en dos, siempre acabo cediendo y leyendo uno más antes de apagar definitivamente la luz, ¿no os pasa? Estos libros, además de una historia divertida y diferente, destacan también por sus ilustraciones.

cuentos para los dos años

→ ‘¿A qué sabe la luna?’, de Michael Grenieces, es un cuento precioso que nos ha conquistado. Habla de cómo se las ingenian unos animales empeñados en alcanzar la luna para probar un trocito. Una bonita historia que explica, en cierta manera, por qué unas veces la luna está llena y otras veces en cuarto creciente o cuarto menguante: un misterio que tiene hechizados a todos los niños. Al menos mi hijo está loco con la luna desde que es bebé, le llama muchísimo la atención y todas las noches tiene que buscarla en el cielo. Y si la tapa alguna nube en ese momento, se enfada y todo. Si no has leído este cuento, te sorprenderá qué animal se lleva el gato al agua y consigue finalmente saborearla. “¿La luna sabe a tortita o a galleta?”, le pregunto siempre a mi hijo y él se parte de risa.

El cuento de ‘La oruga glotona’, de Eric Carle, es un básico en las librerías infantiles de todas las casas y un éxito seguro entre los más pequeños. Además, hay versiones de todo tipo: desplegables, en cartón duro o en láminas, con títere de dedo, troquelado… Y si quieres sacarle más partido a la historia de este bichito tragón, en este enlace tienes unas ideas para contar este cuento de seis maneras diferentes y a través de trabajos manuales. Lo mejor, hacer el teatro de todo lo que come (y lo que se pide cada uno) y lo gorda que se pone. Yo aprovecho también las dos primeras páginas para explicarle y repasar qué animales salen de un huevo y cuáles no. Sigue leyendo

Nuestro rinconcito para leer a pollito

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Como no queremos que en nuestra casa se cumpla eso de “en casa del herrero, cuchillo de palo”, trato de que el enano vaya cogiendo gusto por la lectura, o al menos que no me siga tirando los libros a la cabeza para ir corriendo a por el balón. Con unos padres dedicados a la escritura, qué menos. A fuerza de insistir, he conseguido (para mí es un logro increíble) que se aficione al cuento de pollito, como he bautizado yo a un libro titulado ‘Cuento en la granja’, con forma de huevo, y que habla de los animales ovíparos.

Lo que creo que le atrae del cuento es que es manejable (lo coje, lo voltea y lo muerde por todos lados) y que su madre, aquí presente, lee imitando todos los sonidos del mundo animal, incluido el pavo real, que le sale genial (debe ser genético, porque mi hermano lo borda). Y también, claro, que todos los animales le intentan picar o cornear al pitufo en cada página.

Como no me gustaría que su pasión por el cuento de pollito quedara en una anécdota, me he puesto manos a la obra y con la ayuda del taladro del abuelo hemos montado en su estrecha habitación un rinconcito dedicado a la lectura. Sigue leyendo