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10 regalos para la canastilla de un recién nacido

Me encanta hacer regalos, y si tengo tiempo, disfruto mucho planeándolos. Uno de los regalos que más me gusta hacer para dar la bienvenida a un nuevo bebé es una canastilla bien surtida de detalles. Y aunque las hay de todos precios y tamaños, no tienen por qué salir caras si están bien pensadas.

Las canastillas más bonitas son, a mi gusto, las cestas blancas de mimbre que después y pueden servir para guardar las cosas del bebé cerca de su cambiador (pañales, cremas y toallitas…) y que son muy decorativas. A nosotros nos regalaron una redonda preciosa a la que hemos dado muchísimo uso. Pero también hacen su función las cajas de cartón que venden en los bazares estampadas, que se convierten en un almacenamiento extra para la ropa de bebé y que son más económicas. Otra opción son las cajas de madera, como las de frutería, que se pueden pintar y personalizar. O incluso una bandeja de madera a la que queramos dar una segunda vida.

¿Y qué metemos dentro? Las canastillas tradicionales suelen venir con algo de ropa, una manta bordada, un peluche y un chupete o un artículo de aseo para el bebé, pero ¿buscamos otros detalles más personales y originales? Aquí van diez ideas y regalos para hacer, por sí solos o combinados, a un recién nacido:

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Regalos para un recién nacido

Acabo hoy la serie de tres post con ideas para regalos a niños y bebés. Después de una selección de detalles para niños de 2 años y bebés de alrededor de uno, llega el turno de los recién nacidos. Una época en la que casi lo único que necesitan es el calor de sus padres, pero en la que acaban colmados de regalos, y algunos no muy afortunados.

Para que eso no ocurra y nada se quede olvidado en un armario, aquí van más ejemplos de regalos para los más pequeñitos. Y si buscas ideas para recordar el primer año de vida del bebé, puedes pasarte por aquí.

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Volver a tener un recién nacido en brazos: ¿Para cuándo el segundo?

Esta pasada semana llegó a la familia un nuevo sobrino, un bebé precioso de 3,600 kilos, pelo negro y puñitos en alto al dormir. Su llegada al mundo me removió y volví a revivir mi parto, -de eso hace ya quince meses-, y nuestros primeros meses con mi bebé. Sabía que estaba sensible, pero en cuanto lo sostuve en brazos y aspiré el olor de su cabecita mis hormonas se revolucionaron (si es que alguna vez había estado tranquilas), y no pararon de chillarme que quería y necesitaba tener  otro bebé.

¿Ahora que por fin dormimos de un tirón? ¿Ahora que hemos conseguido cogerle el tranquillo y hasta parece que controlamos la situación? Mi pareja, que ya había leído en mi cara mis intenciones, y que tiene la cabeza más fría (o que no está a merced de las hormonas y de la biología más básica, como yo) me echó el alto rápidamente.

“Tienes la mirada desenfocada. No mires al bebé, mira a la madre y dime si es lo que quieres ahora”, me dijo. En casa, me releí el post de Maternidad idealizada para acallar mi baile hormonal y conseguí dormir más tranquila. La llamada de la biología es atroz, y por lo visto, a los hombres no les afecta. Si mi razón no se impusiera, la especie humana estaría más que perpetuada.

Debe de ser normal pensar unos días en que así, los tres solos, estamos de maravilla en nuestro minipiso, y otros en que tenemos que ampliar la familia y mejor hacerlo cuanto antes (con movida inmobiliaria de por medio). Mi madre ya va soltando alguna indirecta. Realmente, es bastante directa: “El chico ya se nos está haciendo mayor. Tendrías que tener ahora una nenita, ¿no te parece?”. Jamás habría pensado en tener únicamente un hijo, pero después de pasar un año sin dormir la idea se me ha hecho más que atractiva. Sigue leyendo

Historias escandalosas de una crianza pasada

La noticia de un bebé prematuro de tres meses que ha conseguido salir adelante en la India metido dentro de una nevera de poliespan (aquí) me ha hecho recordar historias de una crianza pasada (y no tan pasada, a la luz de esta noticia) que me ha ido contando durante este año la gente mayor con la que me he ido encontrando. Cada relato me ha ido escandalizando más que el anterior, así que he decidido recopilarlos todos juntos en un post (al menos los que recuerdo), para poner en común estas prácticas abandonadas (gracias a Dios) y que nos llevemos las manos a la cabeza a la vez, como haciendo la ola. 

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Es curioso ver cómo lo que antes era lo mejor para un bebé, ahora es de una inconsciencia tremenda. El ejemplo más claro es poner a dormir a los bebés boca abajo, algo que se hacía así “de toda la vida”, hasta que los pediatras lo asociaron con la muerte súbita del lactante. Con la alimentación del bebé, sucede lo mismo. Antes, las abuelas untaban el chupete de sus hijos en azúcar (o incluso coñac las más valientes) para que el niño se callara. Y era mano de santo, claro, pero ahora no podemos hacer nada más que escandalizarnos, sobre todo cuando los pediatras nos dicen que el azúcar, ni probarlo hasta que pase el año. Por eso no me extraña cuando mi suegra me cuenta cómo les ha echado a sus hijos leche condensada en la papilla de frutas de la merienda. Cosas de otros tiempos.

Hace años no se ponía a los bebés al pecho nada más nacer, ni se les ofrecía la teta, aunque nos parezca ahora ilógico y antinatural. Según me han contado, en cuando nacían se los llevaban y les daban un biberón con una especie de infusión para que expulsaran el meconio. Algo así como una lavativa. Impensable en estos tiempos. Sigue leyendo

El desarrollo de los bebés prematuros

Cada vez que nos toca revisión de pediatría y nos hacen las preguntas de rigor sobre el desarrollo del bebé, me sonrío. Normalmente, sólo podemos dar respuesta a una de las cosas que ya debería hacer nuestro enano para ese mes. Me imagino a la pediatra acostumbrada a escribir en su ordenador el símbolo del check, pero, en los casos como los de mi hijo, escribiendo un “necesita mejorar”, como nos ponían en el colegio cuando suspendíamos alguna asignatura en Primaria.

Con los bebés prematuros, el ritmo de desarrollo es otro. Nuestro pitufo solo fue prematuro por un día, pero nació con bajo peso por problemas en el embarazo. Por eso, a la pediatra le toca siempre tranquilizarnos y recordarnos que mejor no hacer caso a los percentiles (cuando nació su curva ni siquiera aparecía en el cuadro) y a las cosas que supuestamente ya debería hacer, porque el camino es otro. De hecho, para calcular su talla y su evolución (sobre todo durante los primeros meses), nos recomendaron usar su edad corregida, que en nuestro caso sería de un mes menos.

Los bebés prematuros se equiparan al resto de bebés a término cuando ya tienen dos años. Algunos pueden ganar peso rápidamente, aunque según los médicos no es lo más recomendable. Lo más sano es que su evolución siga una curva paralela a la de la media, sin que la corte bruscamente. En estos casos, la estimulación es muy importante (poniendo juegos de estimulación para bebés en google aparecen mil ejemplos). Los mellizos de una amiga, que nacieron dos meses antes de tiempo y con poco más de un kilo de peso, ya andaban para el año, gracias a la rehabilitación que les dieron en la Seguridad Social. Su desarrollo se ha equilibrado al del resto de bebés de su edad. Sigue leyendo

Madres de incubadora

Desde que abrí este blog estoy más sensible. Pienso más en mi embarazo, mi parto y el tiempo que ha transcurrido conociendo al enano. Parece que ahora que va a cumplirse el año, vuelvo a rememorarlo todo con más fuerza si cabe. Revivo cómo fueron los primeros días con mi pitufo, cómo empezamos a conocernos a través del cristal de la incubadora y cómo fue la primera vez que estuvimos piel con piel tras un parto traumático. Por eso quiero dedicar este post a las madres de los bebés que se quedan en neonatos y que vuelven a casa a ver una cuna vacía. Madres coraje que sufren por la separación y que poco o nada tienen que ver con las que tienen la suerte de estar en planta con su bebé durmiendo en el nido a su lado. Sigue leyendo