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El caminante y la gorila

Estos primeros días de piscina mi hijo y yo nos hemos convertido en una simpática pareja: él un caminante, y yo, una gorila. El enano se pasa la tarde en la piscina paseando de un lado a otro por el césped, como quien hace el Camino de Santiago. De un lado a otro, sin rumbo. El problema es que hace una parada en cada toalla, haya o no gente, para fisgar todo lo que puede y más dentro de las mochilas, para mordisquear chancletas (no entiendo el gusto de hacerlo, con la mía tiene vicio) y cambiar cosas de sitio. Y si no intervengo, se divierte cogiendo algo y dejándolo en la toalla de al lado.

Está claro que no puedo perderle de vista ni un instante, y no es porque tema que se me lance a la piscina de cabeza. Al nene no le interesa el agua porque no puede caminar por ella. Se mete casi obligado, pero enseguida se escapa a investigar. Sólo lleva un mes y medio andando pero parece que lo llevara haciendo toda la vida. Estoy segura de que si contáramos los kilómetros que ha hecho, pronto me superaba.

piscina bebé

No me quejo de que no pare quieto, porque ya me he olvidado de qué era eso de tumbarse tranquilamente en la toalla durante un rato a tomar el sol. Me quejo de que desde que es un caminante (blanco no, es bastante moreno de piel) yo soy la típica madre gorila que va detrás sonriendo y arreglando desaguisados: “No, cariño, esa chancleta no se come”, “Deja esa toalla, no te tumbes ahí, bonito”, “¿Dónde estaba esta mochila de Pocoyó? ¿De dónde la has sacado?”.

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El empujón de los primeros pasos

Soy de la opinión de que cada bebé sigue un ritmo único, y por eso no me valen comentarios de otras madres como “¿Aún no anda con 14 meses?” o “pues ya debería andar”. A veces, hasta he llegado a creérmelos. Y como ya he cometido el error muchas veces antes de preocuparme porque no se sentaba a los seis meses, porque no le salían los dientes o porque aún no dice nada más que un ma-ma-ma que abarca todo el diccionario, ahora hago oídos sordos.

Si no quiere andar aún, que no ande. No hay ningún adulto que siga gateando. Por eso, cuando me “aconsejan” que ayude al nene a empezar a andar y darle un empujón, no hago mucho caso. Le ayudo a levantarse cuando se apoya en mí para erguirse, o lo llevo de la manita si le apetece dar un paseo, pero sin hacer apenas fuerza, únicamente como punto de apoyo. Tan sólo sigo su ritmo. Los expertos aseguran que no hay que forzar al bebé a andar y desaconsejan los andadores (leer recomendaciones aquí).

En este tema, como en tantos otros de la maternidad, existen las dos posturas: quienes creen que es necesario ese empujón para ayudar al desarrollo del niño (en cuestiones como mantenerse sentado, empezar a gatear o a andar), y quienes no intervienen en el desarrollo, o al menos no tratan de adelantar etapas que inevitablemente van a llegar, tarde o temprano. De hecho, ésta es una de las preguntas que hay que hacer al elegir guardería (sobre todo para lactantes).

Primeros pasos del bebé

Primeros pasos del bebé

La crianza no es una carrera por decir “mi hijo ya anda a los nueve meses” o “pronuncia frases completas desde el año”. No me apuro al ver a bebés más pequeños que mi hijo andando como si llevaran toda la vida haciéndolo, porque ese momento llegará. No tengo prisa, me encanta ver cómo domina el gateo hasta convertirse en un bólido de carreras. Y disfruto de cada paso que da. Sigue leyendo