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¿Prematuros hasta cuándo?

Escribir sobre bebés prematuros en el blog no vende. Cada vez que hablo de estos pequeños en un post, las lecturas se quedan en lo anecdótico. Vende más cualquier otra cosa, un libro, un juguete, una experiencia general… y a mí me da mucha pena. Los bebés prematuros se merecen que se hable de ellos una y otra vez, que se les reivindique y que se les tenga en mucha consideración. Porque se sigue necesitando mucha más I+D+i a estudiar las causas de la prematuridad, a las técnicas y cirugías que se necesitan, a los cuidados de esos pequeños y a las consecuencias que acarrea. Por eso, celebro y doy visibilidad una vez más al Día Mundial de la Prematuridad que se celebra este sábado, 14 de noviembre.

Mi hijo fue prematuro por un día. Algo que habría quedado en la anécdota, si no hubiera sido porque además tenía bajo peso por una preeclampsia que le había impedido desarrollarse al mismo ritmo que otro bebé de su mismo tiempo. Después de pasar cinco largos días (afortunadamente) en Neonatos, me puse en la piel de aquellos padres y madres que esbocé en el post Madres de incubadora. Haber sido madre de un bebé inmaduro y pequeñín, con su llanto inconsolable, tan pequeño que no tenía fuerza de succión y al que toda la ropa que teníamos preparada le quedaba monstruosamente grande me hizo ser la madre que ahora soy.

Vigilar que un bebé de menos de dos meses no llorara (¿cual no llora?) para que la hernia de su ingle no se complicara me hizo ser una madre mucho más nerviosa de lo que supongo que habría sido en otras condiciones. El esfuerzo titánico que hicimos su padre y yo por instaurar la lactancia nos forjó, como lo hacían aquellas cuatro horas que chillaba por las tardes sin parar y sin causa aparente, o el miedo atroz que teníamos a salir de casa en plenas Navidades y a que se pusiera enfermo. Y nuestra historia ha sido menos de una décima parte de lo que se enfrentan otras familias de grandes y pequeños prematuros a diario. Sigue leyendo

Ropa para prematuros: ropa especial y no sólo más pequeña

Hace dos años, cuando nos dijeron que mi bebé venía con bajo peso, no nos preparamos lo suficiente. Compramos ropa de primera puesta, como el resto de padres primerizos, pero confiados en que no sería para tanto, ni se nos ocurrió tener listo un conjunto para prematuro por si acaso. Así que en cuanto nos dieron por fin el alta de la incubadora, descubrimos que aquella ropita que nos parecía tan diminuta era realmente gigante y que ni siquiera teníamos algo con lo que vestir a nuestro chiquitín de casi dos kilos para llevarle a casa.

Y entonces nos encontramos con el problema de no saber dónde encontrar ropa para pequeñines, como les pasa a muchas familias. Una ropa que no sólo es más pequeña, sino especial. Y esto lo sabe muy bien Ania Méndez, una madre cuya segunda hija fue también prematura y que, a raíz de su experiencia, quiso ayudar a otras familias a “normalizar” su situación a través de algo tan sencillo como la ropa.

bebé prematuro

Desde entonces, y a través de ropaprematuros.com, ha diseñado ropa especial para prematuros, unas prendas de tallas más pequeñitas (para bebés desde 800 gramos a 4,5 kgs con cuatro tallas diferentes) pero que cubren sus necesidades especiales: está hecho con tejidos suaves, de algodón y que no desprenden pelusas, con las mínimas costuras, sin apenas etiquetas para no dañar su delicada piel y con aperturas muy fáciles con velcro o corchetes de plástico (para que no interfieran con los escáneres ni cables). Las prendas son de estilo japonés, cruzado, por ser más práctico y confortable, y con cuellos en forma de V, para que no cubran la tráquea del bebé.

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¿Es pronto para la educación infantil?

Mientras tomamos la difícil decisión de la elección del colegio, me impresiona pensar en que, dos meses después de celebrar el segundo cumpleaños de mi hijo, ya estemos preparando los formularios de preinscripción para el colegio. Se me hace demasiado pronto y se me encoge el corazón pensar en que el mismo peque que se queda llorando todas y cada una de las mañanas al dejarle en la escuela infantil (menos dos, si hay que ponerse sincera), vaya a pasar en ocho meses al colegio de mayores.

Para los de finales de año el inicio de la escuela es mucho más dura. La diferencia entre unos niños y otros, de casi un año en algunos casos, es totalmente objetiva e innegable. Casi doce meses, a estas edades, marcan un abismo. Puede ser la diferencia entre un bebé y un niño, entre el pequeño que sólo balbucea (como el mío, que aún sólo dice papá y mamá) o el que canta en dos idiomas y relata historias infantiles a sus padres.

Mi peque entrará al colegio con dos años y le quedarán aún tres o cuatro meses para cumplir los tres. ¿Sabrá para entonces abrocharse los botones, subirse una cremallera o ponerse el abrigo solo? ¿Irá de buena gana o llorando, como hace cada mañana para que no me separe de él aun sabiendo que se lo pasa muy bien en clase y que quiere mucho a sus educadoras?

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El día de los bebés prematuros: uno de cada diez en el mundo

Uno de cada diez bebés en el mundo nace de forma prematura, antes de la semana 36 de gestación. En Navarra se calcula que está en siete de cada cien recién nacidos. Hoy, 17 de noviembre, es el día mundial de la prematuridad, el día de los más pequeñines. Un día para tenerles en cuenta, apoyarlos y hacerlos más visibles.

Los bebés prematuros necesitan su día para concienciar al mundo sobre sus problemas de salud, sobre la situación que viven sus padres y el apoyo de todo tipo que van a necesitar. Cuando en mi embarazo me diagnosticaron preeclampsia y me advirtieron de que mi bebé tenía bajo peso y podría acabar en la incubadora al nacer, me aferré en la idea de que eso no pasaría, sin informarme de lo que suponía. Ahora sé que, si lo hubiera hecho, el shock inicial habría sido menor y habríamos estado más preparados para cuidarlo, sabiendo que todo iba a ser un poquito más duro.

prematuros

Concienciar sobre la prematuridad es muy importante. Y, por supuesto, ayudar a las familias que viven esta situación y apoyarles en todo lo posible. Los padres de los prematuros son más valientes y se enfrentan a más retos que otros padres. Viven a medio camino entre la UCI, donde cada día es un triunfo, y su casa.

Apoyarles y allanarles el camino es clave. Y aquí, vale desde una llamada interesándose por su estado (aquí un interesante y recomendable artículo sobre qué no decir a unos padres en esta situación), hacerse cargo un rato del hijo mayor hasta, por supuesto, más recursos sociales y sanitarios. Desde que se permite su entrada 24 horas al día en las unidades de Neonatología, por ejemplo, su día a día es un poquito más fácil: pueden practicar el método canguro, establecer un vínculo mayor con su hijo, estar más presentes en su evolución e instaurar con más garantías la lactancia materna. Sigue leyendo

Cuando el parto acaba en trauma

Últimamente leo y escucho muchas experiencias de parto bonitas pero pocas como la mía. Y sé que somos muchas mujeres las que sufrimos por ello y las que cambiaríamos nuestra historia de alumbramiento de cabo a rabo. Cuando el parto es peor de lo esperado y deja heridas que cuesta cicatrizar, normalmente no se habla de ello. Yo misma nunca he escrito de ello, no me he atrevido. Por no contar penurias, no asustar a las embarazadas y no volver a llorar mientras lo hacía. He tardado tiempo en asumirlo, pero ya puedo decir que he superado mi trauma.

Sé que hay partos mucho peores que el mío. Muchas veces, al contarlo, me han dicho “bueno, lo importante es que el niño está bien”. Y sí, es cierto, está bien, pero eso no ayuda a cerrar la herida. Porque no salió como pensaba, no fue lo esperado, fue mucho peor. Todas las mujeres queremos y soñamos con un buen parto, vaginal a poder ser, con una dilatación rápida y mínimamente instrumentalizado. Pero en el mío se juntaron muchos factores y no salió como había imaginado.

Me ingresaron para provocar el parto por preeclampsia (aquí y aquí dos enlaces de Matronaonline que lo explica), tres semanas y un día antes de la fecha de parto prevista. El bebé venía con bajo peso y la placenta presentaba calcificaciones, así que quisieron adelantarlo para que el bebé creciera fuera lo que no hacía dentro. Un parto provocado con oxitocina es muy artificial y doloroso. Yo no lo sabía entonces y me planteé esperar todo lo posible sin la epidural, hasta que no pude más. Estando al límite de la locura aún tardaron una hora más en ponérmela porque me faltaban unos análisis. Me administraban la oxitocina a toda velocidad, para que el trabajo se agilizara por el riesgo que corríamos tanto el bebé como yo. Y entre tanto, me metían y sacaban al quirófano porque había sufrimiento fetal. En una de estas idas y venidas, ya no volví a la sala de dilatación.

parto por preeclampsia

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¿Niño o bebé?

Estoy confundida. No sé si a la hora de hablar de mi hijo puedo seguir llamándolo bebé o si ya es un niño. ¿Cuándo pasa un bebé a ser un niño? ¿Cuando ya no usa pañales, cuando ya habla o cuando cumple un determinado mes? Y si es así, ¿dónde está esa frontera invisible que marca un mes en concreto y que convierte a un bebote que usa pijama entero en un niño con deportivas que sale a jugar al parque?

El mío sigue aferrado en lo de ser bebé, pero en teoría. Porque en la práctica, él es un pequeño abuelito, como el viejo bebé Benjamin Button. Se pasea estos días por el pueblo de mi madre con las manitas a la espalda y paso de borrachín entre tractores y gallinas. No sólo lo hace en el pueblo, cuando estamos en la ciudad se pasea de la misma guisa, manos a la espalda, para visitar las obras. La tercera edad se parte de risa con él.

Es innegable que el niño no ha salido muy hipster. Pasa de los móviles, la televisión y cualquier otro cachivache. No me hace ni caso si le enseño juegos para bebés de su edad en mi iphone, me mira como quien ve llover y sigue dando volteretas en la cama. Es un nene a la vieja usanza: persigue pollos, juega con piedras y recolecta tomates en un descuido. Aunque el pobre tomate esté verde y a medio hacer y el abuelo se lo haya prohibido.

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