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Un cuento para introducir la operación pañal

Pensando en el reto que se nos viene encima en verano para quitar el pañal, estos días hemos empezado a prepararnos para ello como nos gusta hacerlo, con un cuento. Nos quedan varios meses aún hasta agosto, el momento en el que creemos que empezaremos a intentarlo, pero ya voy sembrando el terreno para familiarizarle con el tema.

Desde hace unos días, me estoy dedicando a hablarle del tema con tranquilidad y, cada vez que voy al baño, a enseñarle el resultado (dicho finamente). A él le hace mucha gracia verlo y yo le animo a que tire de la cadena para hacerle partícipe. Puede parecer algo escatológico, pero así le acostumbro a ver cacas y le muestro que es algo natural y que todos lo hacemos. Todo con evitar que vea sus deposiciones como algo ajeno o que se siente extraño por ello. De momento está claro que no le dan asco, así que vamos por buen camino.

Además, es un tema que les produce una curiosidad increíble. El otro día, un niño del parque que está superando la operación pañal se puso a mear junto a un arbolito y mi hijo y otro niño se quedaron embobados viendo cómo lo hacía y la mancha que dejó en la tierra. ¿Cómo no aprovechar estos momentos de curiosidad para ir sembrando poco a poco?

Esto mismo es lo que estamos haciendo con un libro que nos ha encantado: ¿Quieres ver mi pañal?, de Guido Van Genechten (aquí enlace a Amazon).

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Historias de cacas

El viernes pasado, en una cena con los ex compañeros del colegio en la que no me lo pude pasar mejor, alguien me preguntó cuál era la mayor liada que me había hecho mi hijo en este año y medio de vida. Siendo la única madre entre treinta personas creía que me harían preguntas de todo tipo, pero no había pensado en esa. Me quedé unos segundos callada y rápidamente me cortaron las alas: “no vale decir nada de sus cacas”. Mierda. Entonces caí en que las mayores liadas de mi bebé, supongo que como todos en su primer año, han salido de su regordote culo.

Así que el post de hoy es para desquitarme y enumerar esos momentos de crisis y desesperación que se viven con los enanos, pero que, un tiempo después, nos encanta narrar a los padres. Ésta es una entrada para leer a mi hijo cuando tenga la edad suficiente para avergonzarlo con sus amigos (¿No es esa la mejor venganza del mundo?)

cacas collage

Las adorables cacas de los lactantes no son como ningún padre primerizo las imagina. Son líquidas, muy amarillas y se escuchan. Y suelen tener la certera habilidad de salir justo cuando abres el pañal. No son de las que asoman y dan tiempo a reaccionar, escapan a toda pastilla y con propulsión. Recuerdo que una de esas veces, con un mes o dos, su disparo dejó un reguero que empezaba en el cambiador, salpicaba la pared y terminaba formando charquitos en el suelo. Nuestra casa es pequeña, pero marcó el suelo de su habitación, el marco de la puerta y hasta el hall.

Aunque doy fe de que son mucho más nocivas dentro del agua. Con unos cuatro  o cinco meses, al enano se le ocurrió cagar en la bañera. Pensándolo fríamente, el modo de proceder es sencillo: se coge en brazos al bebé y luego se limpia el desaguisado. El problema es cuando estás sola, necesitas todas las manos del mundo y al señor se le ocurre ponerse a patalear del gusto y a batir aquello hasta convertir el agua en cola-cao. Ése sí que fue un momento de crisis.

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