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Pensando en San Fermín (II): camisetas, alpargatas y accesorios

Sigo buscando el mejor atuendo sanferminero para los peques y no paro de encontrar cosas originales y muy bonitas, como las camisetas bordadas y las alpargatas artesanas de Pepipepa. Ya hablé en un post anterior de las zapatillas de Carlotta, con la imagen de los gigantes, y en esta ocasión he encontrado unas alpargatas de estilo más clásico. Y además, Pepa te las hace conjuntadas con las de la madre, para las familias que se ponen de tiros largos el 7 de julio o en fiestas de su pueblo.

madre e hija

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Pensando en San Fermín (I): las zapatillas de Carlotta

A partir de estas fechas, a los de Pamplona nos suele empezar un cosquilleo en la tripa. Sale el sol, se acerca el verano, y ya nos ponemos a mirar de reojo el reloj de Kukuxumuxu de la calle Estafeta. Faltan aún menos de 50 días para San Fermín, pero elegido el cartel anunciador de las fiestas, ya sólo queda ir restando los días y pasar por el mal trago de probarse los pantalones blancos y descubrir que los bajos siguen negros o que no atan ni aún metiendo la tripa como haciendo un abdominal hipopresivo. Menos mal que elegir la ropa de los peques no es tan desalentador y que a ellos el blanco les queda muchísimo mejor.

Este año me he propuesto encontrar el mejor atuendo sanferminero para mi hijo y voy a empezar por los pies. En el showroom infantil organizado en Hegan & Dream el pasado 10 de mayo descubrí las preciosas zapatillas que diseña Carlotta con la imagen de los gigantes, cabezudos y del santo y tenía que compartirlo.

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Carlotta es una arquitecta pamplonesa que hace tres años empezó a aficionarse a la costura y, tras probar cosas nuevas, terminó pintando sobre tela. Primero fueron los trajes para bebés, y desde hace un año, se dedica a pintar a los emblemáticos gigantes de Pamplona y al santo en sus zapatillas blancas. Dice que pinta a los gigantes por la pasión que despiertan en los niños y porque su baile es uno de los momentos más emocionantes de la fiesta. Sigue leyendo

Seis meses con los abdominales hipopresivos

Han pasado seis meses desde que empecé con la gimnasia abdominal hipopresiva y el resultado en este tiempo ha sido espectacular. No se nota a simple vista (sigo sin tener la tripa de Shakira ni nunca le tendré), pero sí se nota por dentro, y esto es lo que a mí me importaba: la faja abdominal está más tonificada (siento que tengo más fuerza en la tripa) y se ha solucionado la caída de los órganos internos.

Ya conté aquí, al hacer balance de los dos primeros meses, que esta gimnasia, combinada con los ejercicios de Kegel, habían conseguido recolocar en su sitio mi diafragma y mi vejiga. Cuatro meses después, el resultado es aún más notable: como estaba antes de quedarme embarazada. Hace unos días estuve en la revisión de Pelvia, la clínica de fisioterapia para el suelo pélvico (o fisioterapia perinatal) a la que acudí unos meses después del parto y su balance fue que estaba tan recuperada que ya podría tener otro hijo sin peligro para mi suelo pélvico. Supongo que si cuidara más la alimentación y si lo combinara con algo de ejercicio aeróbico (asignaturas pendientes) el resultado se habría notado también por fuera, pero estoy más que contenta con el resultado.

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El secreto de los hipopresivos está en la postura (unos músculos quedan en tensión y otros relajados) y la respiración, que generan una presión intra-abdominal que contrae la faja abdominal de forma no voluntaria. Los ejercicios son muy sencillos y lo único que se requiere es constancia. De hecho, casi no parece que estés haciendo ejercicio.

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Más tronas y cambiadores en los restaurantes, por favor

El domingo pasado celebramos una comida con unos amigos en Pamplona y la que lo organizaba se volvió loca buscando un sitio en el centro que tuviera una trona para mi hijo. Le respondieron cosas como “pues estamos pensando en comprar alguna”, “la verdad es que llama mucha gente preguntándolo, pero no, no tenemos” o “si reservas ya, sí, porque solo tenemos una”. Imagino que lo harán a posta para que el local no se les llene de niños, como si fuera una especie de chiquipark lleno de pequeñas bestias que se tiran espaguetis como en las batallas de los comedores de las películas estadounidenses.

La verdad es que no me lo explico. Esas personas que llamaron son clientes que se les han ido a otro restaurante, pero parece no importarles mucho. Las tronas de Ikea cuestan 12 euros y hacen un papelón (son las que tenemos en las casas de los abuelos) y también hay unas plegables y portátiles que se recogen como maletines y no ocupan apenas espacio. De éstas, por ejemplo, hay en algunos restaurantes nuevos cerca de la Plaza del Castillo. En los bares y restaurantes de los centros comerciales como La Morea o Itaroa da gusto ir con niños, pero en la mayor parte de los locales del centro (y por supuesto del Casco Viejo) no se puede ni siquiera meter la silleta. Hay cafeterías y bares nuevos en los barrios donde están poniendo tronas, pero los comentarios del domingo me llevaron a pensar que todavía queda mucho por hacer… si es que quieren que los padres también tengamos vida social sin tener que recurrir a algún canguro de urgencia. Sigue leyendo