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Adiós pañal, hola calzoncillo: hacerse mayor en un día

un verano sin pañal

Este verano, el enano se ha hecho mayor de golpe. Supongo que es así como ocurre: los cambios en la infancia son vertiginosos, suceden de semana en semana o incluso de un día para otro. Sólo basta con esperar. Con la retirada del pañal, nos ha pasado lo mismo. Se lo quitó de un día para otro. Un día llevaba pañal y body, y al otro vestía calzoncillos y nos pedía pis con toda naturalidad. Sin escapes, sin prisas y como quien lleva haciéndolo toda la vida.

Todavía no salimos de nuestro asombro, pero pensándolo bien, es normal que haya ocurrido así. Personalmente, tenía un miedo terrible a la dichosa operación pañal después de hacer un intento catastrófico el verano pasado: estaba muy inmaduro y sólo conseguimos desesperarnos después de una semana con seis cambios de ropa diarios. Empezó el primer año de cole con pañal y creímos que hacia Navidad podríamos hacer un segundo intento, pero no fue así.

En todo este tiempo, estuvimos apoyados por el centro educativo y, a pesar de ser el único niño del colegio con pañal en clase, no nos pusieron problemas. Sigue leyendo

Una de esas tardes

Hacía tiempo que no tenía una de esas tardes en las que la única salida posible es meterse bajo tierra y no salir. Una de esas tardes en las que te preguntas en qué andaba pensando yo al meterme en el berenjenal este de la maternidad. Una de esas tardes en las que te acuerdas de aquellos tiempos de tranquilidad de una época pasada en la que todo era más sencillo.

Pero como suele pasar en esto de la maternidad, y me temo que está comprobado por muchísimas madres, en cuanto te confías y crees que todo va como la seda, la realidad te vuelve a poner en tu sitio. Cuando crees que lo tienes controlado, que puedes hacer recados en un tiempo más o menos razonable, por ejemplo, descubres que todo era un espejismo y que nunca has tenido el control. ¿En qué película decían eso de que nunca has tenido el control, es sólo que te habían hecho creer que lo tenías? Porque han dado en el clavo.

Me quejaba yo en su día de que ir de tiendas con un bebé era un infierno, pero me temo que todo es susceptible de empeorar y que sólo el tiempo demuestra que los agobios de los primeros meses son sólo para ir cogiendo fondo para lo que viene después. Aquello era un paseo de rosas comparado con acercarse a un centro comercial en plena vuelta al cole y con la operación pañal descontrolada, además de un niño de dos años que huye de la mano de su madre y escapa a investigar por su cuenta y riesgo.

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Al cole con pañal

A la hora de retirar el pañal a un niño sólo hay que seguir un consejo: hacerlo cuando esté preparado. Por eso nuestro intento de operación pañal de este verano ha resultado un desastre. Sabíamos que no estaba maduro todavía a pesar de sus casi 33 meses, pero ante el inicio del colegio y presionados por las circunstancias, quisimos intentarlo una semana antes, por ver si por casualidad sonaba la flauta.

¿Y qué ha pasado por empezar el cole con pañal? Absolutamente nada, gracias a que las educadoras que nos han tocado lo han entendido perfectamente y son partidarias de respetar los ritmos de cada niño, sabiendo que entre los de principios y finales de año dista casi un año y eso es muchísimo en esta edad. De hecho, dicen que la edad media de adquisición del control de esfínteres durante el día es de 32,5 meses para las niñas y 35 meses para los niños, como se explica en este artículo muy recomendable sobre qué hacer en esta situación. Una edad media que se sigue sin respetar y que se tiende a adelantar.

al cole con pañal

Este tema, como el de hablar (sigue sin decir nada más allá de mamá y papá), es algo que llevamos a otro ritmo, pero no me preocupa, más allá de que inicie el colegio unos pasos más atrás que el resto de niños, como me temía al decir si es demasiado pronto para la educación infantil.

Al final, hemos empezado esta semana el cole con pañal, o bragapañal más bien, una fórmula intermedia para que el niño pueda subirse y bajarse él solo todo para ir al baño (evita escapes pero tampoco es tan fácil de bajárselo como un simple calzoncillo). Las profesoras nos han dado la tranquilidad que buscábamos, porque el proceso de retirada del pañal de la última semana había sido duro y estresante: entre cinco y seis cambios completos de ropa diarios porque no era capaz de avisarnos y se lo hacía encima cada vez. En casa, pasábamos el día con la fregona arriba, pero fuera de casa sudábamos la gota gorda para que no se lo hiciera en el parqué de otros y recurríamos a preguntar cada cinco minutos si tenía ganas hasta hartarle. Efectivamente, justo lo que no hay que hacer. Sigue leyendo

Un cuento para introducir la operación pañal

Pensando en el reto que se nos viene encima en verano para quitar el pañal, estos días hemos empezado a prepararnos para ello como nos gusta hacerlo, con un cuento. Nos quedan varios meses aún hasta agosto, el momento en el que creemos que empezaremos a intentarlo, pero ya voy sembrando el terreno para familiarizarle con el tema.

Desde hace unos días, me estoy dedicando a hablarle del tema con tranquilidad y, cada vez que voy al baño, a enseñarle el resultado (dicho finamente). A él le hace mucha gracia verlo y yo le animo a que tire de la cadena para hacerle partícipe. Puede parecer algo escatológico, pero así le acostumbro a ver cacas y le muestro que es algo natural y que todos lo hacemos. Todo con evitar que vea sus deposiciones como algo ajeno o que se siente extraño por ello. De momento está claro que no le dan asco, así que vamos por buen camino.

Además, es un tema que les produce una curiosidad increíble. El otro día, un niño del parque que está superando la operación pañal se puso a mear junto a un arbolito y mi hijo y otro niño se quedaron embobados viendo cómo lo hacía y la mancha que dejó en la tierra. ¿Cómo no aprovechar estos momentos de curiosidad para ir sembrando poco a poco?

Esto mismo es lo que estamos haciendo con un libro que nos ha encantado: ¿Quieres ver mi pañal?, de Guido Van Genechten (aquí enlace a Amazon).

¿Puedo mirar tu pañal? Sigue leyendo