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Normalizando la lactancia materna: Congreso Lacta 21

Congreso Lacta 21

Este pasado fin de semana se celebró en Pamplona el Congreso Nacional de Lactancia Materna Lacta 21, una oportunidad para que profesionales sanitarios y público en general se pusieran al tanto de todo lo relativo a la lactancia materna y que demostró que la reivindicación sigue activa: es necesario normalizar la lactancia.

La socióloga Ana Carmen Irigalba lo dejó muy claro en su intervención: para dar el pecho hay que querer, saber y poder. Como mujeres, estamos muy influidas por otros (opiniones que son como gotas de lluvia, dijo) y nosotras también vamos a influir en nuestras hijas con nuestra experiencia. “Creemos que la lactancia es una decisión individual, pero en realidad no es así, estamos condicionadas por la influencia social y las expectativas que hay sobre nosotras“. Interesante, ¿verdad?

Como también lo es la opinión que se tiene en el feminismo sobre la lactancia (o feminismos, porque hay muchos). Rosario Quintana Pantaleón, ginecóloga obstetra, explicó que una postura feminista es la de que amamantar nos esclaviza y dar el biberón nos libera, mientras que la contraria reivindica la lactancia como disidente contra un mundo patriarcal y productivo. Sigue leyendo

Cómo hemos abandonado el chupete sin prisas ni lloros

Después de caer en la cuenta de que el chupete lleva abandonado en unas estantería desde hace dos o tres semanas, puedo decir sin miedo que hemos conseguido dejarlo. O más bien debería decir que el chupete nos ha dejado a nosotros, porque casi ni nos hemos enterado. Es curioso, pero este tema me daba miedo, creía que iba a ser una gestión mucho más complicada, con lloros y malas noches de por medio, trucos y estrategias creativas para deshacernos de él, pero no ha sido así. Se ha parecido, más bien, a aquel destete respetuoso en el que mi hijo decidió que ya no quería más pecho a los 15 meses.

Ahora ha sido el quien ya no veía necesario el chupete y por eso ni se ha acordado de él, ni nos hemos acordado nosotros. Duerme sin él por las noches y tampoco lo pide en sus momentos de lloros o después de caerse. Y la clave de ello ha sido simplemente algo tan fácil como dejar pasar el tiempo y darle confianza, sin negárselo a la fuerza en ningún momento.

chupetes de un niño

Recuerdo que hace seis meses, en la revisión de los dos años, la pediatra nos aconsejó que le quitáramos el chupete ya, aduciendo problemas de dentición y de excesiva dependencia. Nos lo estuvimos pensando, pero sabíamos que no era el momento de hacerlo: sólo se dormía con su tete, se volvía muy loco cuando no lo encontrábamos y lo demandaba y lo usaba todo el tiempo para estar en casa. Leer este artículo de Maternidad Continuum me dio tranquilidad. No quise meterme en aquella batalla a la que no le veía sentido: mi hijo estaba verde y necesitaba más tiempo. Sigue leyendo

Nuestra historia de destete progresivo y a demanda

Creo que, después de 15 meses y medio, ya hemos dado la lactancia por terminada. Y digo creo porque a veces el enano busca el consuelo de la teta, pero más por chuperretear y sentirme cerca que porque salga leche. Ya no sale ni gota.

Nuestra historia de destete no ha estado impuesta (afortunadamente) por una vuelta al trabajo ni por ningún factor externo a nosotros. Ha sido tranquila, sin sobresaltos, él ha ido marcando el ritmo y no ha derramado ni una lágrima en el camino. Quizá si haya habido alguna mía, sí, pero de pena al ver cómo ha crecido y al darme cuenta de que ya no vamos a tener más ratos de éstos juntos.

Puede que empezara cuando el enano cumplió los seis meses e introdujimos la alimentación complementaria. Creía que cada puré o papilla de frutas sustituía a las tomas de leche materna, y si lo hubiera hecho de otro modo, dándole primero pecho y después esta comida, seguramente habríamos seguido lactando más meses. Pero lo hicimos de este modo, y mi cuerpo lo notó enseguida. Dejé de tener la leche que tenía hasta entonces y mis pechos volvieron a su tamaño habitual. Tampoco necesité más los discos de lactancia.

pecho

Alrededor del año, nuestra lactancia fue cambiando. Para entonces ya sólo le daba pecho por la noche, después de que cenara y justo antes de dormir (de hecho, se dormía en la teta) y justo al despertar, cuando le apetecía estar piel con piel conmigo y quedarse tumbado un rato más al calor de mi cuerpo. Habíamos quitado la toma de la tarde, porque a él le apetecía más ir a por una galleta que estar un rato en brazos. Sigue leyendo

Alquilando un sacaleches eléctrico o cómo salvar la lactancia

Ya conté en un post anterior que, a pesar de que nuestros inicios con el pecho fueron malos, conseguimos corregirlo e instaurar una buena lactancia que aún hoy continuamos más de un año después. Además de mi cabezonería, lo logramos gracias a un sacaleches eléctrico de doble extracción que acabé alquilando. Pero sobre todo, fue por el apoyo recibido por un grupo de asesoras de lactancia.

Durante el primer mes de mi bebé apenas pude darle el pecho. Con dos kilitos justos de peso y la cabeza del tamaño de una naranja grande, su boquita era tan pequeña que no conseguía engancharse. Se desesperaba, me desesperaba y aquello era terriblemente doloroso para los dos. Le daba el pecho como podía. Me sacaba leche con un extractor manual, ponía al pecho para que el bebé sacara lo que pudiera y por último le daba un biberón con la leche que me había sacado antes.

La misma rutina con cada toma, y él tomaba tan poco que a la hora y media volvíamos a repetir el proceso. Aparecieron grietas y empezamos a completar las tomas con leche de fórmula. Las puntas de los pezones se pusieron blancas y me dolía hasta el roce del agua de la ducha o de la sábana. Recuerdo que entonces pensaba que la lactancia no podía ser así de horrible y que no merecía la pena seguir si no podíamos disfrutar, como el resto del mundo, de las cosas buenas de la lactancia.

liga-de-la-leche

En mi entorno me animaron a que lo dejara, pero quise darle una segunda oportunidad. Después de un parto duro y de que nos separaran al nacer, necesitaba aferrarme a la lactancia para unirme más a mi bebé. El punto de inflexión lo marcó contactar con Amagintza, el grupo de apoyo a la lactancia de Pamplona. Sigue leyendo

¿Es posible realmente volver tener la misma figura tras el parto?

Me dijeron que adelgazaría bastante con la lactancia prolongada, pero nada, y que perdería peso en cuanto empezara a trabajar, y no ha sido así. La última es que bajaré unos kilos cuando el nene empiece a andar. Visto lo visto, me permito ser escéptica. ¿Es posible ponerse en forma o bajar unos kilos cuando no hay tiempo para nada?

Así, como quien no quiere la cosa, engordé veinte kilos durante el embarazo. Y eso que mi embarazo fue de ocho meses y que unas semanas antes de dar a luz me negué a seguir con el martirio de subirme en la báscula de la matrona (¿por qué no me dejaba quitarme los zapatos, con la de kilos que pesan?)

Pero lo cierto es que en el parto me quité más de la mitad de los kilos que gané, y en los meses siguientes, ocho más. Éstos sí, gracias a la lactancia y a algo de deporte que me obligué a hacer, pero que en cuanto empecé a trabajar, tuve que dejarlo. Me quedé con dos kilos de regalo, y ya me puedo dar con un canto en los dientes, visto lo visto. A los seis meses ya había vuelto a mi talla anterior, más o menos, pero los kilos se han colocado libremente donde han querido, y no donde estaban antes. La ropa no sienta como antes y el espejo no engaña: las formas son otras. Sigue leyendo

¿Hasta cuándo dar el pecho?

Me encuentro con muchas madres que se sorprenden de que aún siga dando el pecho a mi nene, a pesar de que ya ha cumplido el año. “¡Qué animada!”, me dicen algunas, cuando realmente están pensando “¡qué loca!”, y otras se quedan calladas. Mi abuela, que hace unos meses me felicitaba siempre por lo “bien criado que está este niño, sólo con el pecho” ahora se escandaliza y me dice que tengo que dejarlo, porque ya puede comer otras cosas, y que seguir así no hace más que agotarme. Es de la vieja escuela, claro, y ha olvidado que ella seguía amamantando a su bebé a pesar de estar embarazadísima y de que los médicos le decían que lo dejara para no caer en una anemia.

Si me llegan a decir durante el primer mes que iba a “aguantar” tanto con el pecho, no me lo habría creído. De hecho, nunca pensé que duraría más de quince días, cuando las grietas y los problemas de mi bebé para cogerse correctamente hicieron de la lactancia un infierno. Contra todo pronóstico aguanté, ahora no sé ni cómo, y al mes pude dejar de lado el sacaleches y el biberón y empezar a vivir la cara positiva. Creí que lo dejaríamos al acabar la baja maternal, pero pude compaginarlo con el trabajo y en éstas seguimos. Y sin darme cuenta ni pretenderlo, llevamos un año.

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