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Se está gestando un hermano mayor

hermano mayor

Siempre digo que en mi útero se está gestando un bebé, pero fuera se está dando una transformación también increíble: la creación de un hermano mayor. Un niño que, a nuestros ojos, va creciendo por momentos y que ha cambiado de papel desde que supimos que estábamos embarazados. Es increíble cómo un positivo le da la vuelta a todo, incluso a esto.

Al peque le dimos la noticia el primero, a los dos meses y medio de embarazo, y antes que al resto de familia. Quisimos que fuera así para que no se sintiera desplazado y no escuchara comentarios o enhorabuenas que vinieran de fuera. Se lo dijimos una tarde en la que estábamos los tres solos en los columpios, enseñándole una foto de lo que entonces, antes de que nos cambiaran el sexo, creíamos que era su hermanito. Nos sorprendió su respuesta, alegrándose de forma natural y mostrando su sorpresa, y cómo a los dos minutos volvió a su juego como si su mundo no hubiera cambiado.

Desde entonces, no dejamos de hablar del bebé. Tratamos el tema cuando leemos cuentos y tenemos presente a la hermanita en los planes de futuro. Para implicarle en el tema como hermano, le hemos dejado que haga tareas sencillas, como que me prepare las vitaminas del embarazo cada mañana (simplemente saca la pastilla de la caja y me la da para que me la tome y el bebé crezca mejor) o que elija cosas que vamos comprando para la nena. Sigue leyendo

El juego simbólico para quitar miedos

jugando

Hay veces en que hablar las cosas simplemente no funciona. Cuando el peque tiene un problema, tratamos de verbalizarlo y explicar qué ocurre, pero hay ocasiones en las que no nos vale, porque está atrapado en una emoción negativa o porque no puede seguir un razonamiento demasiado largo o complejo. Poco a poco, hemos descubierto que el juego simbólico nos ayuda mucho a solucionar estos problemas y a desatascar sus emociones: haciendo un teatrillo para que entienda mejor las cosas, por ejemplo, o ayudándole a ponerse en el lugar del otro para comprender lo que le ocurre.

Desde hace unos meses, el enano tiene pánico a ir al médico o a cortarse el pelo. Se bloquea, se vuelve completamente irracional y no es capaz de entender que las tijeras no van a hacerle daño o que sólo quieren mirarle una herida. Él, que es muy tranquilo, ha llegado a pegarle a la peluquera cuando estaba fuera de sí, nada podía rozarle la cabeza. Para superar este miedo, -que ha surgido tras pasar una mala temporada de pruebas médicas y hospitales que afectarían a cualquiera-, en el cole nos recomendaron algo tan sencillo como que jugáramos a médicos. Sigue leyendo