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¿Prematuros hasta cuándo?

Escribir sobre bebés prematuros en el blog no vende. Cada vez que hablo de estos pequeños en un post, las lecturas se quedan en lo anecdótico. Vende más cualquier otra cosa, un libro, un juguete, una experiencia general… y a mí me da mucha pena. Los bebés prematuros se merecen que se hable de ellos una y otra vez, que se les reivindique y que se les tenga en mucha consideración. Porque se sigue necesitando mucha más I+D+i a estudiar las causas de la prematuridad, a las técnicas y cirugías que se necesitan, a los cuidados de esos pequeños y a las consecuencias que acarrea. Por eso, celebro y doy visibilidad una vez más al Día Mundial de la Prematuridad que se celebra este sábado, 14 de noviembre.

Mi hijo fue prematuro por un día. Algo que habría quedado en la anécdota, si no hubiera sido porque además tenía bajo peso por una preeclampsia que le había impedido desarrollarse al mismo ritmo que otro bebé de su mismo tiempo. Después de pasar cinco largos días (afortunadamente) en Neonatos, me puse en la piel de aquellos padres y madres que esbocé en el post Madres de incubadora. Haber sido madre de un bebé inmaduro y pequeñín, con su llanto inconsolable, tan pequeño que no tenía fuerza de succión y al que toda la ropa que teníamos preparada le quedaba monstruosamente grande me hizo ser la madre que ahora soy.

Vigilar que un bebé de menos de dos meses no llorara (¿cual no llora?) para que la hernia de su ingle no se complicara me hizo ser una madre mucho más nerviosa de lo que supongo que habría sido en otras condiciones. El esfuerzo titánico que hicimos su padre y yo por instaurar la lactancia nos forjó, como lo hacían aquellas cuatro horas que chillaba por las tardes sin parar y sin causa aparente, o el miedo atroz que teníamos a salir de casa en plenas Navidades y a que se pusiera enfermo. Y nuestra historia ha sido menos de una décima parte de lo que se enfrentan otras familias de grandes y pequeños prematuros a diario. Sigue leyendo

Hernias en bebés recién nacidos

Las hernias en los bebés recién nacidos son bastante comunes, sobre todo en los prematuros. Algunos estudios dicen que el 15% de los bebés puede tener una hernia umbilical, que no es otra cosa que un trozo de intestino que sale por el ombligo. No hay que alarmarse, el bulto no es doloroso, aunque pueda impresionar, y desaparece solo. De hecho, no tiene tratamiento, salvo que siga sin reducirse después de varios años. De nada vale taparlo con un esparadrapo o con una faja, estos remedios antiguos están desaconsejados.

Hay un segundo tipo de hernia, la inguinal, localizada en la ingle. Este caso es más frecuente en chicos. Se produce cuando, durante la gestación, se desarrollan los testículos, que bajan por un conducto (canal inguinal) entre la ingle y abdomen hasta el saco escrotal.  En ocasiones esa abertura no termina de cerrarse del todo y parte del intestino se cuela por el agujero, formando un bulto en la ingle blando.

hernia inguinal y umbilical

Mi hijo tuvo las dos hernias, una en el ombligo, que se corrigió sola y sin darnos cuenta,y otra en la ingle, que finalmente le operaron antes de cumplir los dos meses. Descubrimos el bulto en la ingle alrededor del primer mes, poco después de que se le saliera el ombligo para fuera. Cuando apretábamos el bulto de la ingle se metía para dentro y se escuchaba un ruido de líquidos, pero al llorar se le volvía a salir y se ponía tenso.  Después de asustarnos al ver el bulto y averiguar por Internet de qué podía tratarse, llamamos a pedir cita a la pediatra, donde nos confirmó que era una hernia. Sigue leyendo