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El empujón de los primeros pasos

Soy de la opinión de que cada bebé sigue un ritmo único, y por eso no me valen comentarios de otras madres como “¿Aún no anda con 14 meses?” o “pues ya debería andar”. A veces, hasta he llegado a creérmelos. Y como ya he cometido el error muchas veces antes de preocuparme porque no se sentaba a los seis meses, porque no le salían los dientes o porque aún no dice nada más que un ma-ma-ma que abarca todo el diccionario, ahora hago oídos sordos.

Si no quiere andar aún, que no ande. No hay ningún adulto que siga gateando. Por eso, cuando me “aconsejan” que ayude al nene a empezar a andar y darle un empujón, no hago mucho caso. Le ayudo a levantarse cuando se apoya en mí para erguirse, o lo llevo de la manita si le apetece dar un paseo, pero sin hacer apenas fuerza, únicamente como punto de apoyo. Tan sólo sigo su ritmo. Los expertos aseguran que no hay que forzar al bebé a andar y desaconsejan los andadores (leer recomendaciones aquí).

En este tema, como en tantos otros de la maternidad, existen las dos posturas: quienes creen que es necesario ese empujón para ayudar al desarrollo del niño (en cuestiones como mantenerse sentado, empezar a gatear o a andar), y quienes no intervienen en el desarrollo, o al menos no tratan de adelantar etapas que inevitablemente van a llegar, tarde o temprano. De hecho, ésta es una de las preguntas que hay que hacer al elegir guardería (sobre todo para lactantes).

Primeros pasos del bebé

Primeros pasos del bebé

La crianza no es una carrera por decir “mi hijo ya anda a los nueve meses” o “pronuncia frases completas desde el año”. No me apuro al ver a bebés más pequeños que mi hijo andando como si llevaran toda la vida haciéndolo, porque ese momento llegará. No tengo prisa, me encanta ver cómo domina el gateo hasta convertirse en un bólido de carreras. Y disfruto de cada paso que da. Sigue leyendo

No sin mi mando

Me lo temía. No quería volver a dedicarle una entrada, pero el mando a distancia se ha hecho un hueco tan grande en la corta vida de mi enano, que no puedo pasarlo por alto. Lo del pitufo con el mando es un amor con todas las letras.

Es el bastón de un ciego, la varita mágica de Harry Potter, la espada láser de Luke Skywalker. Una prolongación de su cuerpo. Tanto, que si no tiene el mando en la mano para explorar la casa se pone nervioso. Es su escudo y su arma, pero también su conejillo de indias. Porque si hay agua en la bañera, mando al agua; y si la taza del váter está subida, allá que va para abajo. El aparato ha probado las babas de mi hijo, ha estado dentro de charcos de agua, de yogures y de puré. No puedo negar que es una relación fuerte y a prueba de bombas.

Es lo primero que el nene busca al despertarse,- de hecho, hasta antes de la teta si lo tuviera más cerca- y al llegar a casa después de una tarde de paseo. Con el mando en la mano, su cara es otra. Porque además de aporrear con él el suelo, las paredes y los marcos de las puertas, es su compañero de batallas. Si quiere jugar al balón, nada mejor que arrearle con el mando. Lo mismo al coche, a los cubos de construcciones, a los muñecos de los tres cerditos o a los dedos de los pies de su madre. Ha inventado el hockey-bebé y se juega con un mando a distancia. Sigue leyendo

Tardes de lluvia en la bebeteca

Estos días de frío y lluvia me ha tocado responder a la gran pregunta que ningún padre quiere hacerse ¿qué demonios me invento para entretener al enano toda la tarde? Y en ese dilema sigo. Hay madres que han hecho de la necesidad virtud y le dan todo el día a las manualidades, pero en esta santa casa, si saco una pintura, aún me la tira mi nene a la cara. Así que o me invento un juego con el balón que yo misma pueda aguantar más de cinco minutos, o a seguir a darle vueltas a la cabeza.

Con un padre que trabaja todas las tardes y una casa pequeña, no queda otra opción que buscar algo que hacer fuera, sobre todo cuando ya hemos agotado el juego de sacar y meter naranjas de la malla. Una vez terminados los recados, nuestra salvación ha sido la bebeteca del pueblo, una ludoteca para niños de 0 a 5 años que está abierta todas las tardes durante el curso.

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Vamos cuando llueve o cuando la casa se nos cae encima, y aunque a veces salgo con un dolor de cabeza mayor que el que llevaba al entrar, merece la pena sólo por ver cómo interactúan los niños. Lo más interesante (he vuelto a las andadas con los experimentos sociológicos) es dejarle a su aire y ver cómo se relaciona, si es que se puede llamar relacionar a mirarse, pegarse un grito, tocarse un poco la cara y escapar tras robar un juguete. Sigue leyendo

El desarrollo de los bebés prematuros

Cada vez que nos toca revisión de pediatría y nos hacen las preguntas de rigor sobre el desarrollo del bebé, me sonrío. Normalmente, sólo podemos dar respuesta a una de las cosas que ya debería hacer nuestro enano para ese mes. Me imagino a la pediatra acostumbrada a escribir en su ordenador el símbolo del check, pero, en los casos como los de mi hijo, escribiendo un “necesita mejorar”, como nos ponían en el colegio cuando suspendíamos alguna asignatura en Primaria.

Con los bebés prematuros, el ritmo de desarrollo es otro. Nuestro pitufo solo fue prematuro por un día, pero nació con bajo peso por problemas en el embarazo. Por eso, a la pediatra le toca siempre tranquilizarnos y recordarnos que mejor no hacer caso a los percentiles (cuando nació su curva ni siquiera aparecía en el cuadro) y a las cosas que supuestamente ya debería hacer, porque el camino es otro. De hecho, para calcular su talla y su evolución (sobre todo durante los primeros meses), nos recomendaron usar su edad corregida, que en nuestro caso sería de un mes menos.

Los bebés prematuros se equiparan al resto de bebés a término cuando ya tienen dos años. Algunos pueden ganar peso rápidamente, aunque según los médicos no es lo más recomendable. Lo más sano es que su evolución siga una curva paralela a la de la media, sin que la corte bruscamente. En estos casos, la estimulación es muy importante (poniendo juegos de estimulación para bebés en google aparecen mil ejemplos). Los mellizos de una amiga, que nacieron dos meses antes de tiempo y con poco más de un kilo de peso, ya andaban para el año, gracias a la rehabilitación que les dieron en la Seguridad Social. Su desarrollo se ha equilibrado al del resto de bebés de su edad. Sigue leyendo

Madre negligente

Mi hijo está en esa fase en la que cada día se da siete culetazos y veinte cabezazos. Gatea como si no hubiera un mañana y anda ocupado en trepar a cualquier sitio. Y cuando digo cualquier sitio, me refiero a los lugares más raros. En vez de intentar subirse al sofá, como cuentan otras madres que hacen sus hijos, pretende trepar por el lavavajillas abierto, o por el tendedero cuando está hasta arriba de ropa y si lo miras más de la cuenta se cae. Así que no se le pueden quitar los ojos de encima ni un instante.

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