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Amar y temer a la vez a los gigantes de Pamplona

gigante de cartón de Pamplona

Los gigantes de Pamplona y alrededores son toda una institución. Si eres navarro, sabrás de sobra que causan furor en los más pequeños y en muchos mayores. Están de moda y encima son de la tierra. Y como en otras cosas de la vida, ocurre que, o los adoras, o los aborreces y rechazas sin entender el fervor que despiertan. Eso les pasa también a muchos niños, algunos que incluso se debaten entre los dos sentimientos a la vez. Ése es el caso de mi hijo: adora a los gigantes y compañía, se declara fan de Caravinagre, se devora los libros de Kilikids, tiene una verga de espuma para practicar en casa y un cabezón de cartón, me pide que escuchemos la famosa canción con la que bailan… pero no quiere verlos ni de lejos.

Le aterra que los kilikis le peguen. Le despiertan un miedo atroz, ingobernable, se me deshace en lágrimas y me pide que le lleve a casa a toda pastilla. Da igual el madrugón, las prisas mañaneras, la media hora larga de villavesa (nuestro querido autobús urbano) y los codazos que hemos dado y recibido para ver en primera fila el baile de las seis parejas de gigantes por el Casco Antiguo de Pamplona.

En Sanfermines lo tenemos vetado, qué le vamos a hacer. Pero el resto del año, con la paz que da el ver las fiestas aún lejanas, yo le sigo diciendo que los kilikis no hacen daño, que si corres no te pillan, y que las vergas con las que pegan son blanditas. Sigue leyendo

De supermanes y vacas

Mi hijo tiene un traje de superman secreto. Una camiseta mágica que le da superpoderes y con la que le pasan cosas buenas. No hace falta que me lo diga, porque todos lo sabemos es la camiseta de Osasuna que descubrió hace unos meses cuando se le despertó su gen futbolístico. Por eso, se la escondo en la balda más alta del armario, donde él no llega, para que la dosifique. Si no, se la pondría todos los días y dejaría de hacerle efecto. En parte, además de que no me gusta que vaya siempre equipado, lo hago para que siga funcionando su magia.

Cuando lleva la camiseta gorria puesta se viene arriba. No ha visto nunca un partido del equipo rojillo, pero no le hace falta. Porque nada más ponérsela se invade de energía y corre y salta como nunca. El efecto lo notan rápidamente los demás: le llaman el próximo fichaje, le hacen bromas en el ascensor, le silban por la calle y los niños mayores le miran con simpatía. Y todos sabemos qué significa a estas edades que te miren los mayores.

Él, que con sus dos años y medios pasados está aprendiendo mucho de la vida, cree que con ella puesta tiene carta blanca para todo. Hasta para entrar a la frutería a lucirse y, de paso, hacerle ojitos a la tendera para llevarse una fresa, un puñado de cerezas o unas mandarinas, que ahora saben riquísimas.

Este comodín de la camiseta me lo guardo para momentos especiales, como cuando está sin ganas de ir al cole o para el día que se va a separar de nosotros para irse al pueblo con los abuelos. Las madres tiramos de nuestros particulares recursos y este equipo rojillo, que a mí no me da alegrías porque no las busco, al menos me da un as en la manga para salir airosos de los malos momentos. Sigue leyendo

Veo todo en blanco y rojo

Dicen que los Sanfermines con niños son otra cosa. Sí, lo son. Muy distinta, y puede que incluso mejor. Hace un año, cuando escribí aquel post de San Fermín con un bebé hubo quien me dijo que con los hijos ya no podía disfrutar igual. Es cierto que al menos hay que guardar una salida nocturna, pero vivir estas fiestas con hijos es un placer, porque tienen mucha miga, tanta que casi es imposible degustarla toda: sólo la que aguante el cuerpo. Los Sanfermines diurnos, y ya son varios años que los vivo así, son más especiales y mágicos que los nocturnos.

fachada del ayuntamiento de pamplona

Además de grandes momentos marcados en el programa de fiestas, como los gigantes y cabezudos, la procesión o los encierros, la fiesta está en la calle. Te la encuentras aunque no la busques: te tropiezas con ella en cada esquina y a cualquier momento. Sigue leyendo