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Galletas para pequeños pintores

Buscando ideas para regalar un detalle a las educadoras de la escuela infantil de mi hijo por el final de curso, me topé con estas galletas para pintar de Molly & Maggie, una empresa de repostería en Madrid que hace cosas increíbles. Me pareció un regalo original, creativo y sencillo, y eso era justo lo que andaba buscando. Además, quería que el protagonista del detalle fuera mi hijo, que estuviera hecho por él y que sirviera como bonito recuerdo.

Las galletas son unas pastas de mantequilla con fondant blanco listas para decorar y con unos rotuladores hechos con colorante alimentario de seis colores diferentes, además de bolsitas de plástico, cuerda y etiquetas de papel kraft para envolverlas de forma individualizada (aquí más fotos). Todo un kit DIY listo para personalizar y para que los pequeños artistas puedan dar rienda suelta a su creatividad.

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Un día en la escuela infantil

¿Qué madre o padre no ha dicho eso de qué a gusto vería a su hijo en clase por un agujerito? Poco antes de las vacaciones de Semana Santa, pudimos pasar un día en la escuela infantil con nuestro hijo y todos sus compañeros. Fue una experiencia preciosa que hizo que tuviéramos una idea más clara y cercana de lo que hacen allí los pequeños de entre dos y tres años toda la mañana.

Por más que te cuenten otros qué se hace entre esas cuatro paredes (las andereños o educadoras y los otros niños, porque el nuestro no cuenta mucho), nada como ver algo con tus ojos para entenderlo perfectamente. Pero sobre todo, fuimos testigos de que la escuela infantil funciona tan bien como un reloj, que un niño en casa parece un terremoto pero allí uno más o menos ni se nota, y que no tienen ni un segundo para aburrirse.

Hubo momentos en los que apenas pudimos contenernos la risa al verles cantando y bailando en un corro, lanzarse pan rallado por la cabeza (precisamente la niña del pelo más largo) o robarse juguetes disimuladamente mientras el otro niño se despistaba. Llegamos a mordernos la lengua para no reírnos o para no interceder por ese juguete perdido. No habría parado de sacar fotos en toda la mañana, pero allí estábamos de testigos y no de protagonistas, haciendo verdaderos esfuerzos por no lanzarnos a jugar con ellos y romper el ritmo de la escuela.

niños jugando

Vigilándoles sin ser visto.

 La escuela se abre durante ese día para los padres de un niño (o dos, si se separan en grupos) para estar presentes en un día de escuela infantil. Pasamos una mañana con ellos, -además la del viernes, por lo que el ambiente era aún más festivo, o al menos así lo vivimos nosotros- desde la entrada hasta que salen del comedor. Ya nos habían advertido que la siesta la haríamos en casa, porque habría sido imposible que se durmiera en su colchón con sus amigos delante de nosotros y después de la mañana de excitación que llevaba.

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¿Es pronto para la educación infantil?

Mientras tomamos la difícil decisión de la elección del colegio, me impresiona pensar en que, dos meses después de celebrar el segundo cumpleaños de mi hijo, ya estemos preparando los formularios de preinscripción para el colegio. Se me hace demasiado pronto y se me encoge el corazón pensar en que el mismo peque que se queda llorando todas y cada una de las mañanas al dejarle en la escuela infantil (menos dos, si hay que ponerse sincera), vaya a pasar en ocho meses al colegio de mayores.

Para los de finales de año el inicio de la escuela es mucho más dura. La diferencia entre unos niños y otros, de casi un año en algunos casos, es totalmente objetiva e innegable. Casi doce meses, a estas edades, marcan un abismo. Puede ser la diferencia entre un bebé y un niño, entre el pequeño que sólo balbucea (como el mío, que aún sólo dice papá y mamá) o el que canta en dos idiomas y relata historias infantiles a sus padres.

Mi peque entrará al colegio con dos años y le quedarán aún tres o cuatro meses para cumplir los tres. ¿Sabrá para entonces abrocharse los botones, subirse una cremallera o ponerse el abrigo solo? ¿Irá de buena gana o llorando, como hace cada mañana para que no me separe de él aun sabiendo que se lo pasa muy bien en clase y que quiere mucho a sus educadoras?

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La elección del colegio: no existe el centro perfecto

Entre esta semana y la próxima vamos a tener que tomar una de las decisiones más difíciles e importantes desde que somos padres: la elección del colegio. Nada es irreversible, por supuesto, pero la solución que tomemos va a marcar nuestra rutina del futuro, el círculo de amistades de mi hijo, quizá el nuestro propio y en gran medida su futuro académico (y lo digo así porque creo que no depende al 100% de los padres y del centro, también de las capacidades de cada niño). Y como tantas otras familias que visitan estos días centros escolares en jornadas de puertas abiertas y se entrevistas con otros padres, somos un mar de dudas.

Si algo he sacado en claro, por el momento, es que no existe el colegio perfecto, es únicamente una cuestión de prioridades. Ningún centro va a cumplir todos nuestros requisitos y la decisión se toma en función de qué requisitos o exigencias valoremos por encima de otras.

Así que una decisión así, la gran decisión, depende de las prioridades que hayamos establecido como padres para la educación de nuestros hijos: cercanía, ideología, modelos lingüísticos disponibles, relación con las familias… Y, desgraciadamente, algo se va a quedar por el camino: si nos entusiasma el centro puede que nos pille demasiado lejos, lo cual tiene sus problemas; o puede que no disponga de servicio de comedor o de autobús, como tienen otros.

No sólo cuenta la calidad de la enseñanza ni todo se mide por resultados académicos. De hecho, en mi caso -y al contrario que estas familias que me han escandalizado– es un dato más a tener en cuenta, pero no el fundamental. Porque después de devanarme muchos los sesos he llegado a la conclusión de que mi principal requisito es que mi hijo no se siente fuera de lugar en su colegio y que allí sea feliz. Sigue leyendo

Adaptándonos al periodo de adaptación

Ya ha llegado el primer día de guardería, o mejor dicho de escuela infantil, como nos repiten las educadoras (porque no llevamos a nuestro hijo a un sitio donde lo guardan, sino a un centro con proyecto educativo). Hoy mi hijo entrará por primera vez en una casa donde no está sólo, donde va a tener que esperar su turno para coger el juguete que quiere y donde no van a hacerle todas las gracias a la hora de comer. Por suerte, nuestro periodo de adaptación para el primer y último año de guardería es largo. Demasiado largo en opinión de las madres cuyos hijos ya empezaron el curso pasado, pero, desde mi punto de vista, el tiempo exacto para nosotros. Quince días para hacernos a una nueva situación y empezar el curso con buen pie.

No niego que hemos tenido que hacer encaje de bolillos y cuadrar nuestros calendarios laborales para poder hacer frente a la adaptación, pero creo que es para un buen fin. Veremos si el año que viene opino lo mismo. De momento, los tres primeros días el peque va sólo media hora y con uno de los padres (servidora), después se queda solo la media hora y el tiempo se va alargando hasta la hora, después hora y media y, por fin, veremos si se queda al comedor y en jornada completa. Todo muy gradual y adaptado a cómo se encuentre cada niño, según nos han dicho. Y, por lo que he leído, cuanto más largo es este periodo, mejor se adapta el niño y menos llora cuando se van sus padres: se acostumbra al entorno y al resto de niños, entiende que no es abandonado y va comprendiendo las rutinas de su nueva escuela.

niño pintando, pizarra

Tengo suerte de que los primeros días pueda estar con él en esa primera toma de contacto. Estando conmigo, tengo la impresión de que va a pensar que vamos a la bebeteca, como el año pasado.  No quiero perder detalle de cómo se comporta, a qué niños se acerca y cómo mira a las chicas que serán sus cuidadoras. Para los siguientes días, nos han dado unos consejos para que la adaptación sea más llevadera:

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