Archivo de la etiqueta: entretener a un bebé

La fase de los trenes

Hay una fase por la que casi todos los niños pasan, y que puede alargarse más o menos en el tiempo, dependiendo de la afición de cada uno. Es la fase de las máquinas de obra, tractores, camiones y trenes. Una temporada intensa y en la que las madres nos esforzamos por aprendernos la nomenclatura propia: excavadora, dúmper, camión volquete, apisonadora, cosechadora…

Mi hijo entró en esta etapa como cualquier otro niño, casi de puntillas, porque su afición rey es la cocina. Sin embargo, la aparición de los trenes ha provocado que el trono de los fogones se desestabilice. El romanticismo de los trenes ha enamorado durante siglos. Y a mi hijo el tren le tiene abducido desde que, hace quince días, cogimos un Alvia a Barcelona. Porque al pequeñín, cuando le da por algo, le da con fuerza y pasión y nos embauca a todos, claro. Se despierta por la mañana y, antes de saludar con un beso a su madre, te hace el gesto del tren y damos por comenzada la función.

niño en el tren

Desde hace días sólo se ve en nuestra casa vídeos de trenes. Gracias desde aquí a quienes, sin otro quehacer, se han dedicado durante horas a grabar el paso de trenes en los pueblos y estaciones del País Vasco, y que lo han unido en un maravilloso vídeo de 45 minutos que suma sin parar visitas en youtube desde que lo vemos en bucle. Bocinazos, pitidos y el chocar de las ruedas contra los rieles, eso es ya música para nuestros oídos. Sigue leyendo

Un pequeño gran pinche

Me impresionan las biografías de personajes que, desde niños, ya despuntaban en un terreno y que no pararon de desarrollar su talento, poco a poco, hasta llegar a lo más alto. Llámalos Messi, Mozart o Nadia Comaneci. No es la norma general, pero es apasionante ver a personas así, que lo tienen claro desde la cuna y luchan para conseguir lo que quieren.

No es el caso, pero si finalmente el pequeño de la casa sigue tan interesado en la cocina como ahora, no me cabe duda de que lo veremos en unos años al frente de un restaurante. Y entonces los biógrafos lo van a tener muy fácil. No tendrán que indagar mucho para contar cómo con tan sólo dos añitos se bañaba con su colección de sartenes de acero para no perderlas de vista. Podrán describir que se echaba las manos a la cabeza gritando de alegría en las tiendas de frescos y que con sólo año y medio pasaba horas aderezando y dando el punto de sal a los platos que preparaba su padre.

pequeño cocinero

Es un caso curioso el de este pequeño cocinero. Nos roba las sartenes, se enfada si no le dejamos echar la sal a la comida y ha conseguido que le compremos su propio salero para jugar en su habitación, espolvoreando a sus peluches y cualquier juguete que se encuentre por el camino. Nada le absorbe más que vernos cocinar, y por eso hay ratos en los que prefiere ver cualquier programa de cocina que Pocoyó. Sobra decir que en la escuela infantil no sale de la cocina de juguete, donde le vuelve loco estar entre pucheros, metiendo y sacando su comidita de fieltro.

Sigue leyendo

Tardes de lluvia en la bebeteca

Estos días de frío y lluvia me ha tocado responder a la gran pregunta que ningún padre quiere hacerse ¿qué demonios me invento para entretener al enano toda la tarde? Y en ese dilema sigo. Hay madres que han hecho de la necesidad virtud y le dan todo el día a las manualidades, pero en esta santa casa, si saco una pintura, aún me la tira mi nene a la cara. Así que o me invento un juego con el balón que yo misma pueda aguantar más de cinco minutos, o a seguir a darle vueltas a la cabeza.

Con un padre que trabaja todas las tardes y una casa pequeña, no queda otra opción que buscar algo que hacer fuera, sobre todo cuando ya hemos agotado el juego de sacar y meter naranjas de la malla. Una vez terminados los recados, nuestra salvación ha sido la bebeteca del pueblo, una ludoteca para niños de 0 a 5 años que está abierta todas las tardes durante el curso.

bebeteca1

Vamos cuando llueve o cuando la casa se nos cae encima, y aunque a veces salgo con un dolor de cabeza mayor que el que llevaba al entrar, merece la pena sólo por ver cómo interactúan los niños. Lo más interesante (he vuelto a las andadas con los experimentos sociológicos) es dejarle a su aire y ver cómo se relaciona, si es que se puede llamar relacionar a mirarse, pegarse un grito, tocarse un poco la cara y escapar tras robar un juguete. Sigue leyendo

Pan y circo

Sé que lo de pan y circo suena despótico y anticuado, pero esta máxima romana me está viniendo de perlas estos días. Mi pitufo, que sigue con su mamitis aguditis, no me da ni un respiro en casa, ni siquiera para ir al baño. Así que, para acabar con el primer grado penitenciario, he tenido que hacer acopio de todos los recursos que tengo en mi mano.

PAN: A mi hijo se le gana por el estómago, está claro. En contra de la opinión de la enfermera de pediatría, que nos ha recomendado que no le dejemos picar entre horas y que no le demos demasiada comida para que no se le ensanche (más aún) el estómago, en ocasiones le doy una galleta para que esté unos minutos quieto. O un trozo de pan, lo que esté más a mano. Con eso, tengo unos tres minutos de paz asegurada (funciona mejor que Los tres cerditos, a decir verdad) para emplearlos en lo que mejor convenga: recoger la casa, prepararle su bolso y salir pitando a llevarlo a casa de la abuela antes de ir a trabajar, por ejemplo.

CIRCO: Las veces en que resuena en mi cabeza la voz de la enfermera de pediatría o ya no puedo recurrir al pan, tengo que entretenerlo con lo que sea. En momentos de estrés, casi cualquier cosa vale. Así que le dejo jugar con el rollo de papel higiénico y que haga confetti con tal de tener tres minutos libres. Tenemos papelitos debajo de los muebles, pero tres minutos libres son tres minutos libres. Lo mismo vale dejar las puertas de mi armario abiertas para que saque mis zapatos y los esparza por las habitaciones. Total, se entretiene un rato y yo lo recojo en un voleo. Aunque parezca una madre negligente, he aprendido a invertir muy bien el tiempo.

Nota: Imagen del Coliseo de Roma, de Wikipedia.

Los mejores inventos de la humanidad (para mí)

Desde que he sido madre, mi escala personal de los mejores inventos de la humanidad ha cambiado. No es que antes tuviera un ranking, pero sí es cierto que en los ratos que pasamos con el pecho, una piensa en todo tipo de cosas. Hasta en esto.

En lo más alto de mi top ten personal se encuentra, en primerísimo primer lugar, la epidural. Ese gran invento que me alivió y relajó tanto que, en aquel momento, despatarrada en la camilla de la sala de dilatación y entre contracciones, solo podía pensar en mandar un whatsapp a mis amigas para decirles chorradas del estilo ‘I love epidural’, ‘Viva la epidural’ o ‘Poneos ya la epidural’, aunque ninguna estuviera embarazada.

Me declaro fan de la polémica epidural, y eso que antes de las dilataciones me planteé no pedirla para que fuera un parto natural. Pero mi parto, como conté aquí, fue provocado y corrieron ríos de oxitocina sintética, que hacen que las contracciones sean más fuertes y dolorosas (la razón es que son artificiales y no van al ritmo del cuerpo). Se me hizo imposible resistir aquellos dolores, así que después de cinco horas de sufrimiento la pedí a gritos. El drama vino en que tuve que esperar durante una interminable hora (más larga que nunca) hasta que me la pusieran porque me faltaban unos análisis. En mi caso, la epidural me ayudó a relajarme, a descansar un poco y a retomar el parto con más ganas y alegría. Seguí sintiendo absolutamente todo, pero con menos dolor. Y aún me tuvieron que poner otras dos inyecciones de refuerzo durante el expulsivo.

Sigue leyendo

Un día en siete minutos

Últimamente mi tiempo libre se divide en fracciones de siete minutos. En realidad, en 7 minutos y 52 segundos, lo que dura exactamente el corto de animación de ‘Los tres cerditos’. El viejo, sí, el de Disney, el de toda la vida. Tiene algo misterioso que engancha a mi hijo y lo abduce desde los seis meses.

Sigue leyendo