Archivo de la etiqueta: en la piscina con un bebé

Se acabó la paz

bebé en la piscina

Desengañémonos, la etapa del carrito y los primeros meses de silleta son los más tranquilos con un bebé. Meses de poco dormir, de tomas a todas horas y de lloros, pero también son tiempos de paseos en paz.

Esa paz se acabó. La pequeña se ha destapado con el carácter y la rebeldía que achacan a los segundos hijos, y que desde ya confirmo. El primero, a su lado, fue un bendito.

Todo lo tranquila que fue los primeros meses, lo es ahora de mujer de genio y figura. Cómo nos tenía de engañados. Suelo repetirme eso de ‘que me quiten lo bailao’, pero ya no reconforta mucho más. Sigue leyendo

Natación asistida: de pato mareado a pez en el agua

Por más que el niño crezca, como madre no me quito la L de novel del culo. Y supongo que esto será siempre así, porque a cada paso, sigo siendo una novata. La última me ha pasado en el curso de natación asistida (o matronatación, como también se le suele llamar) que acabamos de empezar.

Una va cargada de ilusiones a la primera extraescolar de su hijo, con el bolso y todo el material preparadísimo, pensando que aquello va a ir como la seda (porque el niño se lo ha pasado de muerte el verano en la piscina) y sale de allí diciendo tierra trágame y preguntando si podemos desapuntarnos y recuperar el dinero de la matrícula.

Porque pegarse media hora dentro de la piscina sola, llamando al niño que se ha quedado lloriqueando en el bordillo y que sólo acierta a señalar con su regordete dedo la puerta, baja tus pretensiones a tierra, o mejor dicho, las hunde más abajo. Sobre todo si miras alrededor y ves al resto de niños de su clase (de la misma edad, supuestamente) que se tiran prácticamente de cabeza, hacen sus pinitos con el buceo y nadan ya acompañados de una tabla. Sí, las comparaciones son odiosas, pero sólo podía ver que a un bebé rodeado de socorristas en potencia.

piscina natacion

Empecé a darme cuenta de que aquello no iba bien cuando el monitor, que sacó toda su retahíla de gracietas para hacerse amigo de mi hijo y sólo consiguió caer en desgracia, pidió a los niños y padres que se sentaran en el bordillo a salpicar con las piernas. Lo intentamos con todas nuestras fuerzas, pero nuestro chico sólo movía la cabeza. Falta de práctica. Sigue leyendo

Los niños son para el verano

Creo que mi hijo también sufre una pequeña depresión postvacacional, como nosotros. Ha vuelto de las vacaciones completamente asilvestrado. Quiere estar desnudo, sin pañal ni ropa, y todo el calzado le molesta. Ansía corretear por el césped y por la arena libre, sin horarios, comiendo lo que sea cuando pueda, probando de todo, y durmiendo sólo cuando sus pilas están completamente agotadas. Y es que los niños son para el verano, o el verano para los niños, como quieras decirlo.

Es curioso que hemos hecho lo mismo que siempre, pero en un contexto diferente. Ahí está lo emocionante del asunto. Donde se volvía loco viendo autobuses, ahora apunta con su rechoncho dedo a los yates y barcos que ve cruzando el horizonte. Y si su segunda afición era perseguir palomas por la calle, ahora ha descubierto que aún hay aves más grandes, las gaviotas, y que son mucho más divertidas porque chillan mucho y también bajan a beber agua a la piscina. Ha seguido jugando con piedras, con el agua de la piscina, comiendo en trona, durmiendo en cuna. Pero todo ha sido diferente, y aún se aferra a ello.

Hemos vuelto sin que diga ninguna palabra, pero con nuevos trucos. Ahora sabe dar abrazos, y los da cuando quiere y en los momentos en que sabe que nos gana, como cuando nos hemos enfadado con él o nos ha pegado. Pone morritos y nos partimos de risa, por eso lo usa como una segunda arma para conseguir lo que quiere. Y ha aprendido una tercera cosa importante, a comer aceitunas y a sacar él solo el hueso. Sabe qué se come y qué no, aunque la arena y las piedras le sigan pareciendo apetitosas.

Sigue leyendo