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La hache del infierno

Todo lo que habíamos avanzado con el tema del dormir durante el curso, -horarios, normas y hábitos-, ha estallado por los aires con la llegada del verano. Nos hemos relajado, y mucho, y esto ya no hay quien lo arregle. Somos ahora víctimas de un colecho forzoso que tampoco nos duele tanto, pero que en muchas ocasiones molesta un poco y que tiene forma de puñetazos en el ojo, tortazos a mano abierta en la cara y, sobre todo, pateo de riñones. Precedidas, eso sí, de caricias y preciosos ‘mamá’ antes de dormir.

De nada nos valen ya mis técnicas patentadas de huida ninja cuando se ha dormido, porque él tiene claro que prefiere nuestra cama de metro y medio a la suya de medio metro, y hace todo lo posible por escabullirse. Desde despertarse en medio de la noche y aporrear la puerta (si es que está arrimada y no consigue abrirla), hasta meterse en nuestra cama o directamente gritar en medio de la noche para meterse con nosotros. Así que sí, la cama de matrimonio es ya territorio de tres, y está claro quién manda.

niño durmiendo en la cama de sus padres

Los libros de la mesilla son cuentos infantiles y el tradicional vaso de agua no nos abandona. La sábana con la que me gusta cubrirme para dormir aunque estemos a 30 grados ha quedado ya en desuso, aquí nadie se tapa si él no quiere y lo demuestra con una serie de patadas que pueden acabar en tu ojo si te descuidas. Sigue leyendo

De la cuna a la cama (y seguimos usando un proyector de estrellas)

¿Cómo hemos podido vivir sin cama antes? Es lo que ronda mi cabeza después de ver cómo el enano sube y baja de su camita, salta sobre ella, se sienta a leer cuentos y la usa como una extensión de la encimera de su cocinita mil veces al día. Lleva unos pocos días sin cuna y ahora me pregunto cómo no se la cambiamos antes.

Hemos esperado hasta los dos años para cambiarle a su primera cama (una pequeña de 70 cm de ancho y con barrera de seguridad) por miedo a que no durmiera bien o no se adaptara. Pero el cambio, de momento, ha ido rodado. Nos sirve como sofá y butaca, hasta como cambiador (nos ha faltado tiempo para jubilarlo y usarlo únicamente como cómoda), hemos ganado espacio en su habitación y él parece feliz de ser un niño que ya usa cama de mayores. La pega, por ponerle una pega, es que por la noche nos sobresalta algún que otro pequeño cabezazo contra la pared, pero como el susodicho ni se inmuta, hacemos oídos sordos. Se ve que, aunque sin patillas, el peque luce una buena cabeza dura navarra.

cama

El mono Chinchajo se ha convertido en un buen amigo por las noches. Será por eso que el peque se duerme contando monos, y no estrellas.

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Resacas, enfermedades y bebés

Como buena madre, ya sé lo que es el verdadero infierno. Hasta hace un año, mi experiencia más cercana a la muerte era una gran resaca. Hasta que descubrí que eso no es nada comparado con estar de resaca con un bebé. Un bebé al que te han cuidado una noche, en la que ha dormido como un angelito, pero que se despierta una hora después de meterte en la cama. Sí, ya lo sé, la culpa fue nuestra por no haberlo previsto y pedido a la canguro, -en este caso la tía de la criatura-, que se quedara también la mañana siguiente. Fue un terrible error de principiante, juro que no volverá a ocurrir. Sigue leyendo