Archivo de la etiqueta: educación

‘Topito terremoto’, un libro para hablar de diversidad

topito terremoto
Me encanta leer con mi hijo libros que le hagan pensar y de los que surja la oportunidad de mantener una conversación sobre sus sentimientos y pensamientos. Son esos momentos en los que de pronto conectamos y que me dejan un buenísimo sabor de boca al final del día.

Hablo de libros que me hagan conocer un poco mejor su mundo interior a través de lo que me cuenta y que nos permitan hablar sobre emociones y trabajar algunos valores. ‘Topito terremoto’ es uno de esos libros, como también lo ha sido, desde que cumplió dos años más o menos, ‘El monstruo de colores’.

La historia de Topito aborda el tema de la hiperactividad y está también escrita e ilustrada por Anna Llenas (Editorial Beascoa). Es una historia que nos toca cerca y que te hace empatizar con el protagonista, un topito tan simpático como despistado y movido que empieza mil cosas sin acabarlas y que no puede parar quieto, sobre todo en el colegio. Su profesora y sus padres están desesperados y sus amigos lo rehuyen y no quieren jugar con él porque es un pesado.

topito terremoto

Sigue leyendo

Familias inteligentes y la teoría del semáforo

Ayer acudí a una interesante charla del psicólogo navarro Antonio Ortuño donde explicó su modelo, -“eficiente”, según nos dijo-, de educación a medio camino entre la crianza basada en el amor y la del premio/castigo. No conocía su teoría, pero el título de la conferencia me apreció interesante.

Este psicólogo especializado en niños y jóvenes y terapeuta familiar ha desarrollado el modelo de familias inteligentes (aquí enlace a su web) que desarrolla en el libro con el mismo título y que se apoya en el semáforo inteligente, donde enseña a los padres a decir ‘no’, a negociar, delegar responsabilidades en los hijos, con confianza y con respeto, y sin gritos, castigos, regañinas ni sermones.

Según nos explicó al centenar de padres y madres que asistimos a su conferencia, celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Huarte, los dos pilares de la educación son el amor incondicional y la firmeza y coherencia. Lo uno sin lo otro no llevan a ningún lugar. “El objetivo de la educación no es que los hijos obedezcan, es que sepan tomar decisiones“, explicó.

Según él, gran parte del problema en los conflictos con los hijos es que los padres enfocan mal el problema: “Si camino al colegio tu hijo se da cuenta de que se ha olvidado el cuaderno, ¿quién se preocupa más, el padre o él mismo? Es muy diferente responder disgustado que diciendo, ‘bueno, ¿y qué vamos a hacer?’ De esta manera ellos se hacen responsables de sus problemas”.

Explicó que a la hora de educar hay que seguir las indicaciones de un semáforo en el que la luz roja es decir ‘no’, la amarilla es la negociación y la verde es dar libertad. Conforme el niño crece hay que ir pasando de la luz roja a la verde, aunque siempre va a haber cuestiones innegociables, otras en las que se puede llegar a un acuerdo y otras en las que hay que dar libertad.

Con respecto a decir que ‘no’, indicó es muy importante ser coherente y ser firmes en la decisión. “En ese momento de rabieta no hay que dar explicaciones, porque trasladas inseguridad, el niño necesita que el padre sea breve. Yo no digo que haya que decir que ‘no’, si se quiere decir que sí, es que sí, pero sea lo que sea, hay que ser consecuente”. Indicó que un niño cabezón y provocador es siempre un niño que ha visto a sus padres caer en muchas contradicciones. Además, destacó que no hay que entrar al trapo en las manipulaciones y que es importante ser cariñosos a la hora de decir ‘no’. Sigue leyendo

El bofetón a los hijos: ¿delito o legal?

Dar un cachete a tu hijo es delito en casi toda España. Casi toda, porque no lo es en Navarra, Aragón y Cataluña, tres comunidades donde un padre puede pegar un bofetón “correctivo” a su hijo y está amparado por la ley.

La clave está en que en estas regiones optaron por ser más conservadores manteniendo el derecho de los padres a “corregir razonable y moderadamente a los hijos” cuando se modificó el Código Civil en 2007, que sí se eliminó en el resto de España. Y este derecho apela directamente al bofetón, la colleja o el rapapolvo, como se quiera llamar, (siempre y cuando no se dejen lesiones y no sea de manera continuada, puesto que esto está tipificado como maltrato). Pero en el resto de España, si abofeteas a tu hijo es un delito.

Esta diferencia entre unas comunidades no deja de ser curiosa ante una polémica que aún escuece. ¿De verdad corrige el bofetón? ¿Es cierto eso de que la letra con sangre entra? Ayer por la tarde veía en el parque cómo una madre daba un bofetón a su hijo de tres años porque no paraba quieto y no se acababa la merienda. O el otro día una conocida cuyos hijos juegan con el mío, le dio un tortazo y un estirón de pelo a su bebé para demostrarle “lo que duele” y evitar que se lo haga a su hermano. No podemos tener estilos educativos más diferentes. Porque ¿vale todo a la hora de educar? El eterno dilema: ¿el fin justifica los medios?

sombras familia Sigue leyendo

Aprendiendo a educar

Ahora que el enano ya va camino de los quince meses y entiende lo que le digo (al menos parte), se me plantea un nuevo desafío, el mayor al que nos hemos enfrentado hasta la fecha: ¿cómo empezar a educarle? Aquí está el lío. Instaurar hábitos, enseñarle a hablar y acompañarle en sus primeros pasos es pan comido comparado con lo que se nos viene encima (y eso que aún son frentes abiertos).

Nos dicen que hay que escuchar al niño, ser comprensivo, ponerse en su lugar, apoyarle y predicar con el ejemplo, pero ¿cuándo empezar? y ¿cómo se educa a un bebé pequeño que no habla y apenas hace caso?

Para solucionarlo me he aferrado a mi instinto, aunque no sé si con acierto, porque después de reñir al enano por romperme la segunda lámpara consecutiva de la mesilla me sale darle un achuchón y un beso para que no se asuste. Y cuando él me sonríe como si nada caigo en la cuenta de que quizá no está captando el mensaje y no le importa seguir destrozándome cada una de las lámparas que ponga encima de mi mesilla. ¿Pero dónde está el límite? ¿Hasta qué punto hay que mostrarse serio e inflexible con algo? ¿Dónde está la frontera entre ser permisivos y demasiado severos?

comiendo Sigue leyendo