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‘Topito terremoto’, un libro para hablar de diversidad

topito terremoto
Me encanta leer con mi hijo libros que le hagan pensar y de los que surja la oportunidad de mantener una conversación sobre sus sentimientos y pensamientos. Son esos momentos en los que de pronto conectamos y que me dejan un buenísimo sabor de boca al final del día.

Hablo de libros que me hagan conocer un poco mejor su mundo interior a través de lo que me cuenta y que nos permitan hablar sobre emociones y trabajar algunos valores. ‘Topito terremoto’ es uno de esos libros, como también lo ha sido, desde que cumplió dos años más o menos, ‘El monstruo de colores’.

La historia de Topito aborda el tema de la hiperactividad y está también escrita e ilustrada por Anna Llenas (Editorial Beascoa). Es una historia que nos toca cerca y que te hace empatizar con el protagonista, un topito tan simpático como despistado y movido que empieza mil cosas sin acabarlas y que no puede parar quieto, sobre todo en el colegio. Su profesora y sus padres están desesperados y sus amigos lo rehuyen y no quieren jugar con él porque es un pesado.

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Una alternativa a los castigos y las amenazas

¿Qué padre no se ha desesperado por repetir tres o cuatro veces seguidas a su hijo que haga (o no haga) una cosa sin resultado? ¿Y quién no ha echado mano de la posibilidad de un castigo, de un premio, de un grito o de un pequeño chantaje emocional? ¿Pero es posible educar de otra forma? Hay una alternativa que defiende la pedagoga, orientadora y formadora familiar Leticia Garcés, de Padres Formados, además de otros muchos educadores.

Nada mejor que ilustrarlo con un ejemplo: Un niño de dos años se ha subido a la mesa del salón (de cristal) cuando te has girado a prepararle la merienda y empieza a bailar y dar saltitos encima. ¿Cómo reaccionas?

Para esta pedagoga, las madres y padres estamos muy influenciadas por lo que sentimos cuando un niño desobedece. No controlamos nuestras emociones y terminamos gritando o diciendo cosas de las que nos arrepentimos. Ella asegura que es nuestra culpa si no sabemos gestionar todo lo que nos mueve por dentro nuestro hijo en estas situaciones. Por eso recuerda que hay que separar la conducta de la persona: un niño no es malo, sólo se ha portado mal en esa situación. No se puede recurrir al chantaje emocional: “no te quiero si te portas mal” es algo que genera inseguridad en un niño, porque jamás debe dudar de si lo queremos.

Hay situaciones de riesgo inminente, como cruzando una carretera, en las que la respuesta es de otro tipo, pero en este caso es importante describirle al niño la situación, para que entienda qué le pasa. “El niño necesita a prender a procesar la información, el niño tiene que aprender dónde se baila y dónde se come, por ejemplo. Esto respeta a mi hijo y me respeta a mí”, explica.

niño pequeño enfadado

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