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Técnicas de huida cuando se ha quedado dormido

En estos más de dos años creo que hemos probado todas las posturas posibles para dormir a nuestro hijo. Sea con nosotros en nuestra cama, durmiéndolo en brazos, con cuentos, canciones, dejando que nos pellizce, arañe o tire del pelo, hemos experimentado un sinfín de métodos que seguimos explorando cada noche. Siento envidia de esas familias con niños que se van sólo a sus camitas y se duermen, o esos bebés que los dejas en la cuna y te olvidas. Mi hijo nunca ha sido así, así que hemos tenido que ser muy creativos, una vez más. Y si en alguna ocasión se ha dormido prácticamente solo, nos hemos alegrado como quien recibe un regalo inesperado.

Unas veces lo conseguimos antes que otras, pero está claro que una vez dormido, no está todo terminado. Queda el delicado momento de salir de la habitación y cerrar la puerta para respirar con alivio, ¡por fin! Unos instantes en los que te juegas todo: un paso en falso, y se despertará, te volverá a reclamar y la historia empezará de nuevo.

Así que cada noche, después de dejarlo dormido, salgo de la habitación como si pisara un campo de minas. Hay noches en que podría salir tirando todos los muebles a mi paso, y él ni se enteraría. Pero otros días me he visto obligada a echarle imaginación al tema, inspirándome hasta en películas de guerra, para evitar hacer el menor ruido que le despierte. Y esto nos ha pasado sobre todo cuando era más pequeño, e incluso cuando se ha dormido en nuestra cama. Éstos son todos los trucos que he probado y que quiero compartir para otros padres en apuros.

madre saliendo de la habitación a oscuras

→ La del gato sigiloso: es una de las mejores estrategias. Si el niño está en su camita y se ha dormido contigo al lado, te levantas despacio, calculando el lugar en el que poner la mano o la rodilla sin que se note en el colchón, como en un juego de contrapesos o como si jugaras al Twistter. En cuanto sales de la cama (o de la cuna, en su defecto), sólo queda salir de la habitación en silencio sepulcral. Mejor sin zapatillas de casa y en calcetines. Y mucho mejor sin que te crujan las articulaciones, como me pasa a mí con mi cadera y rodilla chasquidora, que siempre siempre se hacen notar un metro antes de que alcance la puerta. Y si no es mi propio cuerpo el que atenta contra mí, es el crujir del suelo.

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Aprender a dormir solo en la cuna sin lágrimas (un cuento para conseguirlo)

Hemos conseguido, a los 21 meses, -que se dice pronto-, que el pequeñín de la casa duerma solo en la cuna y no en brazos, como hacía hasta ahora. Llevamos dos semanas de récord y ya me atrevo a decirlo en voz alta. Hemos sentado rutina. Por fin, una de nuestras batallas pendientes ganada.

Y si no lo hemos conseguido antes es porque no hemos querido dejarle llorando con la cabeza entre los barrotes cada noche. El éxito (tardío) de nuestro método es que apenas ha llorado. Protestó el primer día, claro, porque en brazos y pellizcando a diestro y siniestro se está mejor, pero dos días después, eso era historia.

bañera

Ya tuvimos una intentona en verano, pero apenas nos duró tres días. En esta ocasión, en cambio, nos han ayudado las circunstancias. En un mes ha madurado: entiende todo lo que le decimos y nos vemos con fuerzas de explicarle las cosas (y sin frustrarnos porque aún no habla y no nos puede contestar) Además, lleva casi cuatro semanas durmiendo la siesta en la escuela infantil, solo en su colchón junto a los otros niños, algo que nos parecía impensable. Si allí podía, ¿por qué no en casa?

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El paso de dormir en brazos a dormir solo en la cuna

¿Cómo conseguir que un bebé duerma solo en su cuna? Y no me refiero a un bebé de pocos meses, sino a un niño de año y medio o dos años que no quiere ni pisar su camita a no ser que ya esté profundamente dormido. A esta pregunta le quiero dar respuesta este verano. Para estos meses nos hemos guardado el mayor reto que tenemos desde que somos padres, conseguir que nuestro inquieto hijo duerma solo en su cuna, sin que tengamos que dormirlo media hora en brazos.

El problema es que ni siquiera podemos colechar con él. Duerme girando sobre sí mismo, cambiando de postura cada cinco minutos y arreando cabezazos a diestro y siniestro a los pobres padres que intenten dormir a su lado. Hoy ha sido una noche de esas en las que decidimos meterlo a nuestra cama a las 5 de la mañana, después de que le despertaran unas pesadillas, y de comprobar que no conseguíamos dormirlo ni teniéndolo una hora en brazos. Al final, él se durmió, pero nadie más. Porque por si los cabezazos fueran poco, ha ampliado el repertorio con tirones de pelo y tortazos. Y si no, aún peor, se escurre dormido hacia abajo y acaba suicidándose cama abajo. Afortunadamente su cuna es ovalada y puede girar a sus anchas.

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Nació demandando muchos brazos, más que otros bebés, y nunca se los hemos negado. No me arrepiento de ello, puesto que sus necesidades eran especiales. Siempre se ha dormido al pecho o en brazos, a veces en la silleta, pero eso de tumbarlo en la cuna o la cama y que él sólo caiga rendido, es una utopía. No se duerme, a él hay que dormirlo.

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