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Dibujos de nuestra infancia para volver a ver con nuestros hijos (y ponernos nostálgicos)

dibujos animados de nuestra infancia

Los dibujos animados de hoy en día tienen poco que ver con los de nuestra infancia. Son de colores más vivos, más rápidos, las tramas son un pelín más retorcidas, introducen temas de los que no se hablaban en nuestra época… Por eso pensamos que los de nuestros tiempos ya no funcionan. De hecho, si los volvemos a ver décadas después (como nos ocurre con algunas de esas pelis míticas de los 80 o 90, sobre todo las malas), nos abochornamos escuchando algunos diálogos y nos reímos de los fallos de raccord, las chapuzas de efectos especiales o el ritmo lento y plagado de imágenes repetidas.

Pero, ¿de verdad no funcionan con nuestros hijos? ¡Sí, y mucho! Cuando se los vuelves a poner a tus niños ocurre la magia y veinte y treinta años después les encantan, ¿no es increíble? Su inocencia no es tan diferente a la nuestra.

Algunos dibujos tendrían que reponerse en televisión, porque siguen siendo una maravilla para todos los sentidos. Están llenos de valores y en ellos aparece (a diferencia de muchos de hoy en día) un malo malísimo al que se enfrentan los protagonistas. A veces es terrorífico, sí, pero como en los cuentos infantiles tradicionales. Me quedo también con esta reflexión: ya no hay malos como los de antes… Sigue leyendo

¿Qué tiene Peppa Pig que tanto gusta (a niños y mayores)?

Todos los niños pasan por la fase de Peppa Pig. La cerdita rosada mal esbozada se ha convertido en unos de los dibujos más vistos por todos los pequeños y en un fenómeno mundial que sólo se descubre hasta que se tiene hijos. Y además, sigue estando entre las series de animación más vistas desde hace años, sobre todo para los niños de infantil. Después de estudiar a fondo cientos de capítulos (a mi pesar) he de confesar que a este personaje se le coge cariño. Si no eres fan de Peppa Pig, lee hasta el final y dime si no te cae un poco mejor esta famosa cerdita.

Por qué les gusta a ellos:

Por cómo están hechos: Cada capítulo dura poco, unos cuatro o cinco minutos, lo que hace que los niños mantengan muy bien la atención. Se usan colores vistosos que atraen más la atención y los dibujos de los personajes y los fondos son planos y simples, se quedan en lo básico (al estilo de Pocoyó). No es estética puntera, eso está claro, pero entre los niños funciona, y de eso se trata.

Porque en cada capítulo ocurren cosas muy sencillas y cotidianas: se ponen enfermos, celebran cumpleaños, van a jugar al escondite, montan en bici o dan de comer a los patos. Cosas que los niños hacen en su día a día, que conectan con ellos y en las que se sienten identificados.

Porque son capítulos divertidos y en los que hay giros en el argumento (esto es de agradecer por los padres también). Los niños pequeños no se aburren y no les da tiempo a perder el interés.

Porque caen simpáticos. A los niños pequeños les hace mucha gracia George y a todos les cae bien Peppa, que tiene sus más y sus menos con sus compañeros de clase, pequeños momentos de celos hacia su hermano, es impulsiva y a veces le da por el ‘yo lo quiero’ y ‘yo más’, tan típicos de esa edad. Los niños se interesan por el resto de sus amigos, todos con apellidos de animales, y de paso los repasan. Sigue leyendo

Un día en siete minutos

Últimamente mi tiempo libre se divide en fracciones de siete minutos. En realidad, en 7 minutos y 52 segundos, lo que dura exactamente el corto de animación de ‘Los tres cerditos’. El viejo, sí, el de Disney, el de toda la vida. Tiene algo misterioso que engancha a mi hijo y lo abduce desde los seis meses.

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