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Cómo hemos abandonado el chupete sin prisas ni lloros

Después de caer en la cuenta de que el chupete lleva abandonado en unas estantería desde hace dos o tres semanas, puedo decir sin miedo que hemos conseguido dejarlo. O más bien debería decir que el chupete nos ha dejado a nosotros, porque casi ni nos hemos enterado. Es curioso, pero este tema me daba miedo, creía que iba a ser una gestión mucho más complicada, con lloros y malas noches de por medio, trucos y estrategias creativas para deshacernos de él, pero no ha sido así. Se ha parecido, más bien, a aquel destete respetuoso en el que mi hijo decidió que ya no quería más pecho a los 15 meses.

Ahora ha sido el quien ya no veía necesario el chupete y por eso ni se ha acordado de él, ni nos hemos acordado nosotros. Duerme sin él por las noches y tampoco lo pide en sus momentos de lloros o después de caerse. Y la clave de ello ha sido simplemente algo tan fácil como dejar pasar el tiempo y darle confianza, sin negárselo a la fuerza en ningún momento.

chupetes de un niño

Recuerdo que hace seis meses, en la revisión de los dos años, la pediatra nos aconsejó que le quitáramos el chupete ya, aduciendo problemas de dentición y de excesiva dependencia. Nos lo estuvimos pensando, pero sabíamos que no era el momento de hacerlo: sólo se dormía con su tete, se volvía muy loco cuando no lo encontrábamos y lo demandaba y lo usaba todo el tiempo para estar en casa. Leer este artículo de Maternidad Continuum me dio tranquilidad. No quise meterme en aquella batalla a la que no le veía sentido: mi hijo estaba verde y necesitaba más tiempo. Sigue leyendo

Nuestra historia de destete progresivo y a demanda

Creo que, después de 15 meses y medio, ya hemos dado la lactancia por terminada. Y digo creo porque a veces el enano busca el consuelo de la teta, pero más por chuperretear y sentirme cerca que porque salga leche. Ya no sale ni gota.

Nuestra historia de destete no ha estado impuesta (afortunadamente) por una vuelta al trabajo ni por ningún factor externo a nosotros. Ha sido tranquila, sin sobresaltos, él ha ido marcando el ritmo y no ha derramado ni una lágrima en el camino. Quizá si haya habido alguna mía, sí, pero de pena al ver cómo ha crecido y al darme cuenta de que ya no vamos a tener más ratos de éstos juntos.

Puede que empezara cuando el enano cumplió los seis meses e introdujimos la alimentación complementaria. Creía que cada puré o papilla de frutas sustituía a las tomas de leche materna, y si lo hubiera hecho de otro modo, dándole primero pecho y después esta comida, seguramente habríamos seguido lactando más meses. Pero lo hicimos de este modo, y mi cuerpo lo notó enseguida. Dejé de tener la leche que tenía hasta entonces y mis pechos volvieron a su tamaño habitual. Tampoco necesité más los discos de lactancia.

pecho

Alrededor del año, nuestra lactancia fue cambiando. Para entonces ya sólo le daba pecho por la noche, después de que cenara y justo antes de dormir (de hecho, se dormía en la teta) y justo al despertar, cuando le apetecía estar piel con piel conmigo y quedarse tumbado un rato más al calor de mi cuerpo. Habíamos quitado la toma de la tarde, porque a él le apetecía más ir a por una galleta que estar un rato en brazos. Sigue leyendo