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La vuelta al cole y las modas cortas

armario niña vuelta al cole

Estos días estoy estudiando con atención un fenómeno que se da en nuestra casa y no sé si responde a la edad de mis hijos o es pura coincidencia: la de las manías y rarezas de los niños con la ropa, que no son pocas. Así que en nuestra querida casa tenemos un cóctel explosivo: a la vuelta al cole le sumamos que las modas son muy cortas, ahí es nada.

Hacia los dos años de edad, el mayor empezó a decidir cómo quería vestirse y a censurarme conjuntos. Ahí empecé a darme cuenta de que esto no iba a ser tan fácil como cuando jugábamos a vestir nuestras muñecas. Lo que antes encantaba, en una semana puede convertirse en una aberración del vestir. Y esto no hay industria de la moda que lo soporte.

Desde entonces, hemos pasado por todas las fases. La de la alergia a los pantalones vaqueros, por ejemplo, ha estado salpicada de todo tipo de excusas: “pican”, “son duros” y ya directamente “no me gustan”. También por la manía a los botones y al rechazo a las telas de chándal de poliéster que recuerdan ligeramente a los de táctel de nuestra infancia (tiempos aquellos). Sigue leyendo

La nevada que nos pilló en pijama

El fin de semana pasado cayó por estas tierras una de esas nevadas históricas que hacen que ames y odies la nieve en menos de 24 horas. La mayor nevada en los últimos cinco años, dicen. Medio metro de nieve en el norte de Navarra y unos veinte centímetros más o menos en nuestro barrio. Y la ola de frío vino a demostrar, de nuevo, que cuesta horrores desprenderse del título de novata.

Porque este año, mientras hacíamos cola en una tienda de deportes para pagar unas botas para el pequeño de la casa y un buzo de esquí, me asaltó mi yo ahorrador (ese que últimamente no está acertando mucho) para dar al traste con la operación nieve y abortar todo intento de ir bien equipados. Estaba claro que la inversión no merecería la pena. “Total, para un día”. Por el momento, habríamos usado el conjunto unos cinco días, lo que sale a un gasto de unos 10-12 euros diarios, una cantidad que habría pagado de mil amores.

A mi favor debo decir que las únicas botas que quedaba disponibles para el peque tenían una suela tan elevada que se tambaleaba como un Drag Queen con tripota desfilando en una discoteca. El pobre no se sentía cómodo en esas alturas y rápidamente empezó a señalar sus deportivas de correr por si teníamos dudas en qué calzado era mejor. El buzo no le quedaba mejor, porque ¿le coges la talla que le corresponde o aprovechas para comprar una talla más y que le valga para el próximo invierno, aunque éste dé pena verlo?

No hace falta decir que para cuando caímos en nuestro error y la ventisca siberiana nos dio en toda la cara, ya estaban agotados todos los buzos, petos, botas y katiuskas de nieve en Pamplona. Aunque tampoco lo hemos intentado con fuerza, debo decir, porque llega un momento en el que tu orgulloso yo ahorrador, que no se baja del burro fácilmente, vuelve a decir, “bah, si ya ha pasado lo peor, no aguanta un poco más”. Esta semana de gélidas temperaturas bajo cero se anuncia de nuevo nieves por estos lares. Y la marmota, la famosa marmota Phil, ha venido a corroborar que va a hacer un frío de o-va-rios Sigue leyendo