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Una tarta de tren con lacasitos facilona para el cumpleaños

tarta de tren

Hará ya poco más de un mes que en casa celebramos el tercer cumpleaños del enano, todo un acontecimiento en casa y con el que tenía ganas de hacerle una tarta con la que los ojos le hicieran chiribitas. Con tres años, los niños están en plena fase de transportes (trenes, tractores, todo tipo de camiones de obras, camiones de bomberos) y tuve claro que tenía que hacer una de esas tartas de tren que ya le había visto a mi cuñada hacer y que pueblan Internet.

Nuestra tarta de tren es sencillísima, aunque al final el montaje lleva un poco más de tiempo que el que esperaba. El único misterio que tiene es el del ensamblaje de las piezas, porque absolutamente todo es comprado 😉 Los bizcochos que hacen de locomotora y vagones son tipo mármol y recubiertos de chocolate. Sigue leyendo

La fase de los trenes

Hay una fase por la que casi todos los niños pasan, y que puede alargarse más o menos en el tiempo, dependiendo de la afición de cada uno. Es la fase de las máquinas de obra, tractores, camiones y trenes. Una temporada intensa y en la que las madres nos esforzamos por aprendernos la nomenclatura propia: excavadora, dúmper, camión volquete, apisonadora, cosechadora…

Mi hijo entró en esta etapa como cualquier otro niño, casi de puntillas, porque su afición rey es la cocina. Sin embargo, la aparición de los trenes ha provocado que el trono de los fogones se desestabilice. El romanticismo de los trenes ha enamorado durante siglos. Y a mi hijo el tren le tiene abducido desde que, hace quince días, cogimos un Alvia a Barcelona. Porque al pequeñín, cuando le da por algo, le da con fuerza y pasión y nos embauca a todos, claro. Se despierta por la mañana y, antes de saludar con un beso a su madre, te hace el gesto del tren y damos por comenzada la función.

niño en el tren

Desde hace días sólo se ve en nuestra casa vídeos de trenes. Gracias desde aquí a quienes, sin otro quehacer, se han dedicado durante horas a grabar el paso de trenes en los pueblos y estaciones del País Vasco, y que lo han unido en un maravilloso vídeo de 45 minutos que suma sin parar visitas en youtube desde que lo vemos en bucle. Bocinazos, pitidos y el chocar de las ruedas contra los rieles, eso es ya música para nuestros oídos. Sigue leyendo

Un pequeño gran pinche

Me impresionan las biografías de personajes que, desde niños, ya despuntaban en un terreno y que no pararon de desarrollar su talento, poco a poco, hasta llegar a lo más alto. Llámalos Messi, Mozart o Nadia Comaneci. No es la norma general, pero es apasionante ver a personas así, que lo tienen claro desde la cuna y luchan para conseguir lo que quieren.

No es el caso, pero si finalmente el pequeño de la casa sigue tan interesado en la cocina como ahora, no me cabe duda de que lo veremos en unos años al frente de un restaurante. Y entonces los biógrafos lo van a tener muy fácil. No tendrán que indagar mucho para contar cómo con tan sólo dos añitos se bañaba con su colección de sartenes de acero para no perderlas de vista. Podrán describir que se echaba las manos a la cabeza gritando de alegría en las tiendas de frescos y que con sólo año y medio pasaba horas aderezando y dando el punto de sal a los platos que preparaba su padre.

pequeño cocinero

Es un caso curioso el de este pequeño cocinero. Nos roba las sartenes, se enfada si no le dejamos echar la sal a la comida y ha conseguido que le compremos su propio salero para jugar en su habitación, espolvoreando a sus peluches y cualquier juguete que se encuentre por el camino. Nada le absorbe más que vernos cocinar, y por eso hay ratos en los que prefiere ver cualquier programa de cocina que Pocoyó. Sobra decir que en la escuela infantil no sale de la cocina de juguete, donde le vuelve loco estar entre pucheros, metiendo y sacando su comidita de fieltro.

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Comiditas de fieltro para pequeños cocineros

El peque es tan aficionado a jugar a las cocinitas que, además de tener su propia batería de menaje y una sartén pequeña para él solo, ya ha conseguido sus alimentos de fieltro. Hartos de tropezarnos por casa con castañas, bellotas, pasta seca y trozos de cartulina, todo lo que nos pedía para meter y sacar de sus pucheros, decidí que ya era hora de hacerle unas comiditas con fieltro: no ensucian, no hacen ruido al caerse, duran mucho tiempo y están hechas por su madre (la mayor ventaja). La idea de coser la pasta con este material la tomé prestada de su escuela infantil, donde tienen unos lacitos y unos polos de helado para jugar a cocinar y que son la sensación. Ahora ya puede seguir practicando en casa.

Así que, sacando ratos de las noches, me puse manos a la obra con unos lacitos y unos nidos de pasta de colores. Los lacitos es lo que más cuesta, porque es difícil coserles el centro para que queden bien, pero son lo más agradecido, porque se parecen mucho a los de pasta, a pesar de que es complicado que los picos de los extremos queden regulares.

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