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Cortafuegos, frailecillos y patilludos: las calvas de los bebés

A mi alrededor se ha producido un baby boom que tiene mis hormonas locas. Y entre tantos bebés de pocos meses y recién nacidos, he tenido tiempo a estudiar esas tiernas cabecitas de bebés que tan locas nos ponen. En cuestión de pelos, hay de todo. Ésta es mi clasificación, ¿me dejo algún tipo más?

– Los bola de billar. Nacen calvos totales, y por no tener, no tienen ni cejas. Son las cabecitas más besadas de todas. Y aunque parezca que no tienen pelos, terminan dejando pelitos finos en la cuna, esos que sólo una madre puede descubrir entre sus sábanas. Esas madres que, por cierto, se ahorran un buen dinero en peluquería durante el primer año.

– Los recién nacidos con pelazo, esos que nacen ya con pelo largo y frondoso, el que otros bebés calvitos no tienen hasta unos buenos meses o un año después. A las enfermeras de maternidad les encanta peinarles furtivamente, echarles colonia sin preguntar y hasta ponerles raya a un lado para darse el gustazo. Son carne de cañón de las peluquerías de niños.

El cortafuegos: la zona que queda despelujada forma un cortafuegos en su cabeza, de oreja a oreja, y sigue la marca que hace el bebé en la cuna al girar su cabeza de lado a lado. Es la más común y puede pasar desapercibida si no te fijas mucho.

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La cresta: hay bebés a los que, curiosamente, el pelo sólo les crece, o les crece en mayor cantidad, como si fuera una cresta. A simple vista no se nota mucho, pero en las fotos queda más en evidencia (cuando no terminan posando con gorrito). Esto le ocurrió al mío, que parecía un rockero y pasaron meses hasta que la cabeza se le fue igualando. Sigue leyendo

Los segundos usos de los juguetes y las cosas

bebés jugando en la piscina con cubos de agua

Me gusta ver cómo mi hijo no juega con sus juguetes como se indica en la caja. A todo le busca un segundo uso, un segundo camino con rodeo. No le gusta apilar piezas para hacer torres, ni meter las anillas de colores en el palo que las sujeta, eso no le hace la más mínima gracia. Lo que le gusta es darles con su rechoncho dedo en una esquinita para que vuelquen en el suelo y, con un poco de suerte, lleguen a girar. Hace bailar a las piezas, las persigue y las para. Y vuelta a empezar. Los coches no sirven para correr por la carretera, les examina las ruedas, los vuelca… Tampoco aprieta los botones con canciones del caparazón de su tortuga, ni la arrastra de la cuerda, simplemente la mira, da vueltas y se entretiene con ella.

No le pasa sólo con sus jueguetes, también con las cosas de casa. Desde hace muchos meses, todo tiene un segundo uso. Le pasó con el mando de la televisión, que le atraía salvajemente aunque no supiera ni para que servía (eso sí lo usó como coche) pero le ha pasado con más cosas. Sigue leyendo

Bebés con cara de pillo

Es cierto eso de que metes a un bebé en el ascensor y cuando se abren las puertas, todos salen sonriendo. Hay que ser un tipo muy duro para que un bebé no te ablande. Nos pasa como con los cachorritos, siempre nos hacen suspirar de amor. Por supuesto, a las madres nos afecta aún más que al resto de la población. Cuidado con el ataque de hormonas o estaremos deseando aumentar la prole.

Nos gustan sus chichas sonrosadas, sus dedos gordos con hoyitos y sus cabezas despeluchadas. Y más aún su cuerpo serrano. En ningún otro momento lorzas, gorduras, papos y carrillos lucen tanto. Y esto se ve claramente en un día de playa o piscina. Si ves a un bebé desnudo y andando o gateando a trompicones en la hierba, te quedas a mirarlo sí o sí. Y detrás suyo verás una legión de señoras (sobre todo) suspirando.

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Pensando en San Fermín (I): las zapatillas de Carlotta

A partir de estas fechas, a los de Pamplona nos suele empezar un cosquilleo en la tripa. Sale el sol, se acerca el verano, y ya nos ponemos a mirar de reojo el reloj de Kukuxumuxu de la calle Estafeta. Faltan aún menos de 50 días para San Fermín, pero elegido el cartel anunciador de las fiestas, ya sólo queda ir restando los días y pasar por el mal trago de probarse los pantalones blancos y descubrir que los bajos siguen negros o que no atan ni aún metiendo la tripa como haciendo un abdominal hipopresivo. Menos mal que elegir la ropa de los peques no es tan desalentador y que a ellos el blanco les queda muchísimo mejor.

Este año me he propuesto encontrar el mejor atuendo sanferminero para mi hijo y voy a empezar por los pies. En el showroom infantil organizado en Hegan & Dream el pasado 10 de mayo descubrí las preciosas zapatillas que diseña Carlotta con la imagen de los gigantes, cabezudos y del santo y tenía que compartirlo.

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Carlotta es una arquitecta pamplonesa que hace tres años empezó a aficionarse a la costura y, tras probar cosas nuevas, terminó pintando sobre tela. Primero fueron los trajes para bebés, y desde hace un año, se dedica a pintar a los emblemáticos gigantes de Pamplona y al santo en sus zapatillas blancas. Dice que pinta a los gigantes por la pasión que despiertan en los niños y porque su baile es uno de los momentos más emocionantes de la fiesta. Sigue leyendo

Los silbadores felices y el niño cafetera

Mi hijo es del club de los silbadores felices. No es un grupo de la bebeteca ni nada parecido, es como se llaman a los niños que hacen ruido al respirar constantemente, pero a quienes esta condición no les afecta en sus actividades cotidianas: comen, beben y juegan con normalidad.

Desde que nació, el enano ha hecho mucho ruido, sobre todo cuando se altera jugando, cuando hacemos como que le perseguimos, cuando se concentra con algo, cuando se ríe mucho, cuando anda o gatea de un lado a otro… Es decir, básicamente casi siempre. Parece una cafetera a punto de bullir el pobre, con un ruido al respirar parecido, como si se le hubiera quedado una flema cruzada. De hecho, alguna lumbrera que otra nos dijo en el ambulatorio que eso era una manía suya, y que hacía ese ruido porque no tosía la flema. Sigo sin encontrarle lógica a esa argumentación, por cierto.

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Imagen de voraorn (freedigitalphotos.net)

Cada vez que íbamos al pediatra sacábamos el tema, pero no le daban importancia. Últimamente ha ido a más, hasta el punto de acabar tosiendo si se alteraba jugando, y por fin, después de un chequeo, nos dijeron que no es asmático (lo que me temía, sobre todo siéndolo yo), sino que tiene el árbol respiratorio débil. Una condición muy común en niños menores de 3 años y sobre todo en prematuros y que los hace más proclives a padecer enfermedades de este tipo. Sigue leyendo

Cuando tus amigas no tienen hijos

Que tus amigas no tengan hijos y tú seas la primera con un bebé es un dramón mayor de lo que puede parecer a primera vista. Bastante peor que ser el único soltero en un grupo de familias numerosas, por mucho que digan. Tu hijo es el niño mimado de la cuadrilla y tienes vía libre para mandar tantas fotos y vídeos como quieras al grupo de WhatsApp, vale, pero los horarios de los planes de adultos y niños no son muy compatibles, sobre todo en fin de semana. Lo de quedar a las ocho de la tarde (cuando eres padre ya es la noche, no la tarde) es imposible, así que en vez de cenas tienes que apuntarte a merendolas o al vermú.

Bebés jugando con sus padres.

Bebés jugando con sus padres.

Ir a casa de tus amigas con tu hijo es ir cargada de juguetes para entretenerle en un salón que, nada más entrar, analizas con visión láser de madre para descubrir posibles puntos conflictivos. Me refiero a esquinas peligrosas, cosas al borde de la mesa, cables sueltos o comida al alcance de la mano. Y al irte, dejas la casa como si hubieran pasado los hunos, llena de migas, trozos de comida chupada por el suelo y marcas de deditos diminutos por toda la mesa de centro de cristal. Así que no nos llueven las invitaciones a casas de otros adultos.

Tengo que buscar amigas con hijos como sea, sobre todo si quiero que el pitufo juegue con otros niños. Las que no tenemos una cuadrilla que parece una guardería nos buscamos desesperadamente entre la gente, analizando a cada mujer con silleta para ver si es una posible amiga o no. Yo lo hacía mucho cuando salía a la compra durante la baja maternal, y ahora he retomado esta costumbre en la bebeteca, donde escudriño a las madres con las que me juntaré en un futuro a la hora de recoger al nene de la guarde o del cole. Sigue leyendo