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Un menú de masterchef con potitos

Con un potito de bebé no se puede cocinar un león come gamba, pero sí un menú que suena así de bien: crumble de verduras, charlota de pescado y pudding de frutas. Por eso a mí, que sólo veía los potitos como una solución cómoda para los viajes fuera de casa, este menú me dejó con la boca abierta. La cocinera Samantha Vallejo-Nágera, la dura jurado de Masterchef, nos mostró ayer a un pequeño grupo de madres blogueras invitadas todas las posibilidades culinarias y creativas de los potitos Naturnes de Nestlé, y lo cierto es que sorprenden.

En un momento, preparó un menú completo con dos tarritos salados y uno dulce. Y las que lo degustamos, a pesar de que todo estaba preparado sin sal, podemos dar fe de que estaba buenísimo. Tengo que intentarlo en casa y ver si consigo algo parecido, pero ella nos aseguró que es cocina sencillísima.

Samantha Naturnes

“Es más fácil dar una pizza y la tablet a nuestros hijos que prepararles un puré casero y saltar a la comba con ellos, pero yo prefiero lo segundo”, dijo Samantha. Con cuatro hijos, nos contó que en casa no cocina, “porque entonces sería una superwoman”, pero tiene a alguien que prepara comidas y a quien supervisa y regaña si saca un perrito caliente entre semana.

Me gustó la filosofía que la chef nos transmitió durante este encuentro: que hay que pasarlo bien cocinando y quedar bien sin complicaciones. Sigue leyendo

Nuestra historia de destete progresivo y a demanda

Creo que, después de 15 meses y medio, ya hemos dado la lactancia por terminada. Y digo creo porque a veces el enano busca el consuelo de la teta, pero más por chuperretear y sentirme cerca que porque salga leche. Ya no sale ni gota.

Nuestra historia de destete no ha estado impuesta (afortunadamente) por una vuelta al trabajo ni por ningún factor externo a nosotros. Ha sido tranquila, sin sobresaltos, él ha ido marcando el ritmo y no ha derramado ni una lágrima en el camino. Quizá si haya habido alguna mía, sí, pero de pena al ver cómo ha crecido y al darme cuenta de que ya no vamos a tener más ratos de éstos juntos.

Puede que empezara cuando el enano cumplió los seis meses e introdujimos la alimentación complementaria. Creía que cada puré o papilla de frutas sustituía a las tomas de leche materna, y si lo hubiera hecho de otro modo, dándole primero pecho y después esta comida, seguramente habríamos seguido lactando más meses. Pero lo hicimos de este modo, y mi cuerpo lo notó enseguida. Dejé de tener la leche que tenía hasta entonces y mis pechos volvieron a su tamaño habitual. Tampoco necesité más los discos de lactancia.

pecho

Alrededor del año, nuestra lactancia fue cambiando. Para entonces ya sólo le daba pecho por la noche, después de que cenara y justo antes de dormir (de hecho, se dormía en la teta) y justo al despertar, cuando le apetecía estar piel con piel conmigo y quedarse tumbado un rato más al calor de mi cuerpo. Habíamos quitado la toma de la tarde, porque a él le apetecía más ir a por una galleta que estar un rato en brazos. Sigue leyendo

La elección de la trona y aprendiendo a comer solo

Mis amigas me van a matar cuando lo lean, pero cambiar de trona ha ayudado a que nuestro enano haya dado un paso de gigante y ha contribuido, por qué no decirlo, a que la casa esté más limpia (o menos sucia, más bien). La trona de Stokke que me habían regalado mis amigas por el nacimiento del pitufo, y que les costó un riñón, ha sido abandonada en el trastero y sustituida por la socorrida trona de sólo 12 euros de Ikea. Y todo por algo tan simple como una bandeja para apoyar los platos, pero es que sin ella las comidas se nos estaban empezando a atragantarse. ¿Cómo es que la trona de Stokke, con mil accesorios como los cojines de diseño, no tiene la posibilidad de incorporar una bandeja?

tronas

La trona de Ikea, en primer término, y la de Stokke, detrás.

La silla alta de Stokke (Tripp Trapp) es evolutiva y se adapta a todas las fases del bebé, incluso desde los cero meses, con una sillita parecida al grupo cero que se acopla a la trona. A partir de los tres años, además, se convierte en una silla ergonómica perfecta para su habitación. El diseño es bonito, es una trona robusta y de calidad y tienes varios colores para elegir. Perfecta para poner cerca de la mesa de la cocina e integrar al bebé en la comida familiar. Pero no precisamente en nuestra casa, donde la mesa de comedor es una barra alta (estilo cocina americana) y la trona queda casi veinte centímetros por debajo.

Así que entre el hueco de la barra y la trona se ha colado en cada desayuno, comida, merienda y cena de los últimos diez meses todo tipo de alimentos de todas las consistencias posibles. El suelo ha quedado marcado para siempre y el pobre pitufo ha tenido que depender para comer siempre de lo que le dábamos a la boca, o de lo que finalmente no caía al suelo. Hasta que una servidora dio un golpe en la mesa (nunca mejor dicho) para cambiar a la trona de Ikea que ya tenemos en las casas de los dos abuelos y que nos había funcionado de maravilla. Sigue leyendo

Ahora sí, ¡habemus diente!

Por fin habemus diente. Y no ha podido elegir mejor momento. Mi pequeñín se ha dejado crecer el incisivo de abajo justo esta semana, cuando estamos de vacaciones, creo que animado por la comida del bufet del hotel. Ha probado de todo: tortilla de patatas, papas arrugadas, zanahoria cocida, un magnum almendrado, merluza, pan de pizza, helado de fresa, queso curado e incluso se ha chupado media bolsa de Pandilla Draquis. Pero la comida revelación ha sido, sin duda, el plátano. Se come un par diarios, él solo, como si fuera un flash, y como estamos en las Islas Canarias, no nos faltan. Ahora le llamamos Mowgli, porque parece el niño de la selva tirándose en plancha en cuanto ve uno. Sigue leyendo