Archivo de la categoría: Maternidad con humor

Para sobrellevar mejor la maternidad hay que tomarla con humor. Así que vamos a reírnos.

La vuelta al cole y las modas cortas

armario niña vuelta al cole

Estos días estoy estudiando con atención un fenómeno que se da en nuestra casa y no sé si responde a la edad de mis hijos o es pura coincidencia: la de las manías y rarezas de los niños con la ropa, que no son pocas. Así que en nuestra querida casa tenemos un cóctel explosivo: a la vuelta al cole le sumamos que las modas son muy cortas, ahí es nada.

Hacia los dos años de edad, el mayor empezó a decidir cómo quería vestirse y a censurarme conjuntos. Ahí empecé a darme cuenta de que esto no iba a ser tan fácil como cuando jugábamos a vestir nuestras muñecas. Lo que antes encantaba, en una semana puede convertirse en una aberración del vestir. Y esto no hay industria de la moda que lo soporte.

Desde entonces, hemos pasado por todas las fases. La de la alergia a los pantalones vaqueros, por ejemplo, ha estado salpicada de todo tipo de excusas: “pican”, “son duros” y ya directamente “no me gustan”. También por la manía a los botones y al rechazo a las telas de chándal de poliéster que recuerdan ligeramente a los de táctel de nuestra infancia (tiempos aquellos). Sigue leyendo

Amar y temer a la vez a los gigantes de Pamplona

gigante de cartón de Pamplona

Los gigantes de Pamplona y alrededores son toda una institución. Si eres navarro, sabrás de sobra que causan furor en los más pequeños y en muchos mayores. Están de moda y encima son de la tierra. Y como en otras cosas de la vida, ocurre que, o los adoras, o los aborreces y rechazas sin entender el fervor que despiertan. Eso les pasa también a muchos niños, algunos que incluso se debaten entre los dos sentimientos a la vez. Ése es el caso de mi hijo: adora a los gigantes y compañía, se declara fan de Caravinagre, se devora los libros de Kilikids, tiene una verga de espuma para practicar en casa y un cabezón de cartón, me pide que escuchemos la famosa canción con la que bailan… pero no quiere verlos ni de lejos.

Le aterra que los kilikis le peguen. Le despiertan un miedo atroz, ingobernable, se me deshace en lágrimas y me pide que le lleve a casa a toda pastilla. Da igual el madrugón, las prisas mañaneras, la media hora larga de villavesa (nuestro querido autobús urbano) y los codazos que hemos dado y recibido para ver en primera fila el baile de las seis parejas de gigantes por el Casco Antiguo de Pamplona.

En Sanfermines lo tenemos vetado, qué le vamos a hacer. Pero el resto del año, con la paz que da el ver las fiestas aún lejanas, yo le sigo diciendo que los kilikis no hacen daño, que si corres no te pillan, y que las vergas con las que pegan son blanditas. Sigue leyendo

Las reglas del patio

reglas del patio cromos

Una no conoce del todo a su hijo hasta que no lo descubre en plena libertad en el patio del colegio, esa salvaje jungla en la que los niños se intercambian sus bocadillos y fruta por galletas a escondidas de sus padres.

El patio tiene sus reglas y ellos las aprenden rápidamente. A los padres nos cuesta algo más, pero sólo hasta que descubrimos mejor no interceder en los intercambios de cromos de fútbol y hacer de tripas corazón cuando al niño le han dado gato por liebre. Es la primera ley del patio: los mayores van a tratar de quitarle como sea todos los buenos (Messi o Cristiano no duran ni dos segundos en sus manos), pero él terminará haciendo lo mismo dentro de poco a los más pequeños. Es un aprendizaje por el que todos pasan.

El cabreo se pasa cuando vuelve feliz con su taco de cromos, contando entre sonrisas que “un mayor” le ha hecho un cambio. Aunque el cambio sea muchas veces por nada. Porque para estos enanos los cromos de fútbol son lo de menos. El mío no tiene ni álbum, lo que quiere es estar dentro del corro de cambios, a poder ser con mayores. Sigue leyendo

‘Baby brain’ o cómo volverse tonta en el embarazo

volverse tonta en el embarazo

Los ingleses tienen una palabra para referirse a ello: baby brain. Cada vez hay mas estudios que corroboran que durante el embarazo las mujeres se vuelven más olvidadizas y despistadas porque hay cambios en sus cerebros. Que analicen el mío, porque es más que evidente. El otro día dudé sobre cómo se escribía el apellido de mi marido, algo que habré escrito centenares de veces, y me sale más humo de la cabeza que nunca para hacer las cuentas de la compra.

Me paro a pensar cómo se escriben las palabras y tengo faltas de ortografía garrafales, algunas por las que hace unos meses se me habrían caído los ojos. Así que sí, me voy volviendo un poco más tonta a cada día que pasa, además de estar físicamente más torpe. Derramo la leche y el agua continuamente y me golpeo al andar con los muebles, lo que achaco a la monumental barriga y a la desviación de mi centro de gravedad, al descontrol que siento sobre mi cuerpo (y los 15 kilos de peso que llevo ganados, ahí es nada) y, por supuesto, a la falta de sueño que arrastro desde hace meses. Soy una joyita de chica.

Mi pareja suele decirme que estoy más ausente que presente y que me quedo mirando al infinito mientras comemos sin poder seguir la conversación. Lleva toda la razón, pero a esto le respondo que bastante tengo con llevar una persona dentro con vida propia e intenciones ajenas a mi voluntad. Es bastante difícil mantener una conversación mientras sientes volteretas y patadas traicioneras en la vejiga, ombligo y riñones. Se hace lo que se puede, dadas las circunstancias. Sigue leyendo

Seis razones por las que las embarazadas nos tocamos la tripa

manos en la tripa

Al padre de la criatura le sorprende que siempre que pueda me esté acariciando la barriga. Se pregunta entre risas que por qué lo hacemos todas las embarazadas, como si fuera un extraño código que utilizamos entre nosotras. Su pregunta siempre me ha hecho gracia, pero es que es cierto que es un gesto que hacemos casi inconscientemente desde que nos enteramos de que estamos embarazadas.

¿Qué hay detrás de este cariñoso y entrañable gesto? He estado reflexionando y se me han ocurrido seis razones de peso por las que nos tocamos las barrigas a nosotras mismas y lo seguiremos haciendo en el futuro, y a mucha honra. Sigue leyendo

Una canción para dormirlos (y dormirnos)

No había caído hasta ahora en la cuenta de que todavía no he hablado del gran as en la manga que nos guardamos para dormir al enano desde que nació. Nunca (o casi nunca) ha fallado, y aún hoy en día la seguimos usando, sobre todo en el coche. Le llamamos la canción somnífero, y tiene un poderoso efecto calmante incluso para nosotros.

La descubrió el padre de la criatura antes de que estuviéramos embarazados. En aquel entonces, la usábamos para los viajes en coche, para conciliar el sueño en el coche cuando yo lo necesitaba o simplemente para relajarnos.

No es una nana infantil ni ninguna melodía hipnótica, ni nada que se le parezca. Es una canción de Wilco muy especial, de 12 minutos y un tanto espiritual, que cuanto más se escucha, más gusta: ‘One sunday morning’. Sigue leyendo