Archivo de la categoría: Maternidad con humor

Para sobrellevar mejor la maternidad hay que tomarla con humor. Así que vamos a reírnos.

Amar y temer a la vez a los gigantes de Pamplona

gigante de cartón de Pamplona

Los gigantes de Pamplona y alrededores son toda una institución. Si eres navarro, sabrás de sobra que causan furor en los más pequeños y en muchos mayores. Están de moda y encima son de la tierra. Y como en otras cosas de la vida, ocurre que, o los adoras, o los aborreces y rechazas sin entender el fervor que despiertan. Eso les pasa también a muchos niños, algunos que incluso se debaten entre los dos sentimientos a la vez. Ése es el caso de mi hijo: adora a los gigantes y compañía, se declara fan de Caravinagre, se devora los libros de Kilikids, tiene una verga de espuma para practicar en casa y un cabezón de cartón, me pide que escuchemos la famosa canción con la que bailan… pero no quiere verlos ni de lejos.

Le aterra que los kilikis le peguen. Le despiertan un miedo atroz, ingobernable, se me deshace en lágrimas y me pide que le lleve a casa a toda pastilla. Da igual el madrugón, las prisas mañaneras, la media hora larga de villavesa (nuestro querido autobús urbano) y los codazos que hemos dado y recibido para ver en primera fila el baile de las seis parejas de gigantes por el Casco Antiguo de Pamplona.

En Sanfermines lo tenemos vetado, qué le vamos a hacer. Pero el resto del año, con la paz que da el ver las fiestas aún lejanas, yo le sigo diciendo que los kilikis no hacen daño, que si corres no te pillan, y que las vergas con las que pegan son blanditas. Sigue leyendo

Las reglas del patio

reglas del patio cromos

Una no conoce del todo a su hijo hasta que no lo descubre en plena libertad en el patio del colegio, esa salvaje jungla en la que los niños se intercambian sus bocadillos y fruta por galletas a escondidas de sus padres.

El patio tiene sus reglas y ellos las aprenden rápidamente. A los padres nos cuesta algo más, pero sólo hasta que descubrimos mejor no interceder en los intercambios de cromos de fútbol y hacer de tripas corazón cuando al niño le han dado gato por liebre. Es la primera ley del patio: los mayores van a tratar de quitarle como sea todos los buenos (Messi o Cristiano no duran ni dos segundos en sus manos), pero él terminará haciendo lo mismo dentro de poco a los más pequeños. Es un aprendizaje por el que todos pasan.

El cabreo se pasa cuando vuelve feliz con su taco de cromos, contando entre sonrisas que “un mayor” le ha hecho un cambio. Aunque el cambio sea muchas veces por nada. Porque para estos enanos los cromos de fútbol son lo de menos. El mío no tiene ni álbum, lo que quiere es estar dentro del corro de cambios, a poder ser con mayores. Sigue leyendo

‘Baby brain’ o cómo volverse tonta en el embarazo

volverse tonta en el embarazo

Los ingleses tienen una palabra para referirse a ello: baby brain. Cada vez hay mas estudios que corroboran que durante el embarazo las mujeres se vuelven más olvidadizas y despistadas porque hay cambios en sus cerebros. Que analicen el mío, porque es más que evidente. El otro día dudé sobre cómo se escribía el apellido de mi marido, algo que habré escrito centenares de veces, y me sale más humo de la cabeza que nunca para hacer las cuentas de la compra.

Me paro a pensar cómo se escriben las palabras y tengo faltas de ortografía garrafales, algunas por las que hace unos meses se me habrían caído los ojos. Así que sí, me voy volviendo un poco más tonta a cada día que pasa, además de estar físicamente más torpe. Derramo la leche y el agua continuamente y me golpeo al andar con los muebles, lo que achaco a la monumental barriga y a la desviación de mi centro de gravedad, al descontrol que siento sobre mi cuerpo (y los 15 kilos de peso que llevo ganados, ahí es nada) y, por supuesto, a la falta de sueño que arrastro desde hace meses. Soy una joyita de chica.

Mi pareja suele decirme que estoy más ausente que presente y que me quedo mirando al infinito mientras comemos sin poder seguir la conversación. Lleva toda la razón, pero a esto le respondo que bastante tengo con llevar una persona dentro con vida propia e intenciones ajenas a mi voluntad. Es bastante difícil mantener una conversación mientras sientes volteretas y patadas traicioneras en la vejiga, ombligo y riñones. Se hace lo que se puede, dadas las circunstancias. Sigue leyendo

Seis razones por las que las embarazadas nos tocamos la tripa

manos en la tripa

Al padre de la criatura le sorprende que siempre que pueda me esté acariciando la barriga. Se pregunta entre risas que por qué lo hacemos todas las embarazadas, como si fuera un extraño código que utilizamos entre nosotras. Su pregunta siempre me ha hecho gracia, pero es que es cierto que es un gesto que hacemos casi inconscientemente desde que nos enteramos de que estamos embarazadas.

¿Qué hay detrás de este cariñoso y entrañable gesto? He estado reflexionando y se me han ocurrido seis razones de peso por las que nos tocamos las barrigas a nosotras mismas y lo seguiremos haciendo en el futuro, y a mucha honra. Sigue leyendo

Una canción para dormirlos (y dormirnos)

No había caído hasta ahora en la cuenta de que todavía no he hablado del gran as en la manga que nos guardamos para dormir al enano desde que nació. Nunca (o casi nunca) ha fallado, y aún hoy en día la seguimos usando, sobre todo en el coche. Le llamamos la canción somnífero, y tiene un poderoso efecto calmante incluso para nosotros.

La descubrió el padre de la criatura antes de que estuviéramos embarazados. En aquel entonces, la usábamos para los viajes en coche, para conciliar el sueño en el coche cuando yo lo necesitaba o simplemente para relajarnos.

No es una nana infantil ni ninguna melodía hipnótica, ni nada que se le parezca. Es una canción de Wilco muy especial, de 12 minutos y un tanto espiritual, que cuanto más se escucha, más gusta: ‘One sunday morning’. Sigue leyendo

El misterioso caso del regalo infortunado

Una cosa es que un niño pase olímpicamente de los regalos de Navidad y no quiera pedir nada al Olentzero ni a los Reyes Magos, y otra, muy diferente, es que no se digne a abrir los regalos. En casa todavía no se nos cierra la boca de asombro, porque días después de los Reyes, convive con nosotros, en el salón de casa, un paquete sin abrir, de un tamaño lo suficientemente grande como pase desapercibido a la vista. Un regalo sin fortuna cuya presencia nos inquieta.

El regalo ha tenido muy mala vida desde el inicio de sus días. Apareció por casa para el tercer cumpleaños del enano, allá por mediados de diciembre. En aquel momento, y después de sentirse abrumado por los regalos de sus padres y familiares cercanos (dados, además en diferentes días, para mayor confusión), este paquete se quedó sin abrir. Después de un día de espera, y al ver que el cumpleañero seguí sin reparar en él y que no tenía la más mínima intención de abrir el envoltorio, lo escondí en el armario a una altura prudencial para que cayera en el olvido infantil. Todo con vistas a los regalos de Navidad. No lo sacamos para Olentzero, -había otras prioridades- esperando que en Reyes viviera su momento glorioso. Pero ese momento nunca llegó y ya no se le espera.

La mañana de Reyes encontró tres regalos, abrió el primero (un anecdótico camión de bomberos con imanes), se quedó conforme y ahí quedó todo. Ni rastro del salvaje rasgar de papeles que se ve en las casas de familias numerosas, ni rastro de la emoción que esperábamos sus padres al vivir sus primeros Reyes de forma consciente. Nada de eso. Sigue leyendo