Archivo de la categoría: Madres desesperadas

Porque todas nos hemos sentido sobrepasadas. Cómo no morir en el intento de ser madre.

El infierno del embarazo en verano

Por estas tierras llevamos, como quien dice, cuatro o cinco días de calor, pero han sido más que suficientes para probar en mis carnes los rigores del verano. En mi anterior embarazo me tocó de pleno el invierno, pero en éste no va a haber quien me libre de sudar la camiseta.

Ahora sé por qué otras madres que han pasado por un tercer trimestre veraniego me miran con pena: esto es un infierno. Las embarazadas llevamos encima, por regla general, unos grados Celsius por encima que el resto de los mortales. Los sofocos, sudores y cambios de temperatura nos matan más rápido que al resto. Yo en concreto, que siempre he sido Doña Calores, duro dos segundos de pie a más de 30 grados.

Lo peor es que el calor trae consigo picores insoportables en el pecho (sobre todo los pezones, y es terrible rascarse con disimulo) y en la barriga. Las piernas se hinchan y los pies sufren aún más: todo un espectáculo, y o me visto con vestidos que dejen pasar el aire, o el choque de los muslos al andar se hace insoportable. La piel está más sensible, hasta reactiva diría yo, y cada vez veo más lejos que ningún otro verano el estar morena.

embarazo en verano

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Las primeras veces en el cine: ¿cuándo llevarle?

La primera vez en el cine es todo un acontecimiento. Pero, ¿a qué edad se considera que los niños aguantan sentado hora y media viendo una película? Más que la edad, que importa y mucho, mi opinión es que la elección de la peli es fundamental para que quiera repetirlo. Es la que va a marcar que sea un desastre o una experiencia para repetir de vez en cuando.

Hasta la fecha, el enano ha estado tres veces en el cine. La primera de ellas fue viendo Minions, con dos años y medio de edad. Para esa fecha, algunos niños de su clase ya habían estado y otros, en cambio, tardarían aún meses en ir. A él, le gustó la película, le divirtió y se rió (aunque en momentos en los que nadie más se reía, vete a saber tú de qué) y sobre todo le encantó eso de llevarse a la boca más gominolas y palomitas que de normal.

la primera vez con un niño en el cine

La primera vez que se va al cine con un niño pequeño no se sabe muy bien cuál será el resultado. Nos dimos cuenta de que le podría gustar cuando nos pedía varios capítulos seguidos de sus series de dibujos preferidas y podía verlas sin pestañear. Si no aguanta en la tele de casa, en el cine va a ser parecido. Pero además de esto, para nosotros fue importante estar los tres juntos y elegir una película divertida y que le pudiera enganchar, sin dramas familiares ni un argumento demasiado retorcido. Sigue leyendo

No es pasión, es una obsesión

Ya se barruntaba desde hacía meses, pero ahora ya es una evidencia. La pasión de mi hijo por la camiseta del equipo de sus amores es ya toda una obsesión. Siente la necesidad de vestirla a todas horas, algo que roza ya la manía enfermiza y me trae de cabeza. A mí, que el fútbol ni fú ni fa, va y me sale un hooligan que no quiere vestirse de paisano ni para echar la siesta.

No exagero, es que él sólo piensa en esa camiseta para las grandes citas (ceremonias, fiestas navideñas, excursiones, cumpleaños, visitas al médico) y para las pequeñas, (ir al colegio, irse a la cama, salir a parque o pasar el finde en el pueblo). La pelea de todas las mañanas no es, como en otras familias, por llegar pronto a clase, sino por evitar que se vista siempre con la camiseta gorria de sus amores. Confieso que se la he llegado a esconder en lo alto del armario, en el fondo del cajón, en el cesto de la ropa sucia… pero él la recupera incluso de dentro de la lavadora. Que esté sucia no es impedimento de nada.

futbol osasuna

La camiseta es un regalo de su padre que le despertó un curioso gen futbolístico que nunca ha vuelto a dormitar. Y lo interesante del tema (y digno de un estudio en laboratorio) es que al enano no le gusta el fútbol, ni jugarlo ni verlo en la tele o en el campo, pero si le hablan de Osasuna se vuelve loco de orgullo. Difícil de entender. Sigue leyendo

La maternidad nos hace más creativos

Desde que soy madre, soy mucho más creativa. Creo firmemente en que la maternidad y la crianza nos hace ser personas mucho más creativas que antes, por el simple hecho de que hay que ir resolviendo problemas que van a pareciendo (me temo que cada vez más complicados) y para los que hay que echar mano de soluciones imaginativas, novedosas y prácticas.

Supongo que ya era antes creativa, pero lo he potenciado: es algo que se trabaja y se desarrolla, más aún si se practica a diario y en todas las facetas de nuestra vida. Por eso, creo que los padres y madres tienen un plus de creatividad y de sentido práctico por el que las empresas deberían estar frotándose las manos cada vez que nos emplean, pero ese es otro tema.

La crianza da lugar a muchísimas oportunidades para desarrollar nuestra creatividad, aunque yo he identificado tres principales:

patinete por el campo

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Una de esas tardes

Hacía tiempo que no tenía una de esas tardes en las que la única salida posible es meterse bajo tierra y no salir. Una de esas tardes en las que te preguntas en qué andaba pensando yo al meterme en el berenjenal este de la maternidad. Una de esas tardes en las que te acuerdas de aquellos tiempos de tranquilidad de una época pasada en la que todo era más sencillo.

Pero como suele pasar en esto de la maternidad, y me temo que está comprobado por muchísimas madres, en cuanto te confías y crees que todo va como la seda, la realidad te vuelve a poner en tu sitio. Cuando crees que lo tienes controlado, que puedes hacer recados en un tiempo más o menos razonable, por ejemplo, descubres que todo era un espejismo y que nunca has tenido el control. ¿En qué película decían eso de que nunca has tenido el control, es sólo que te habían hecho creer que lo tenías? Porque han dado en el clavo.

Me quejaba yo en su día de que ir de tiendas con un bebé era un infierno, pero me temo que todo es susceptible de empeorar y que sólo el tiempo demuestra que los agobios de los primeros meses son sólo para ir cogiendo fondo para lo que viene después. Aquello era un paseo de rosas comparado con acercarse a un centro comercial en plena vuelta al cole y con la operación pañal descontrolada, además de un niño de dos años que huye de la mano de su madre y escapa a investigar por su cuenta y riesgo.

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La explosión del gen futbolístico

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Tengo que estudiarlo científicamente aún, pero estoy segura de que, además del gen masculino que les hace repeler cualquier tipo de tienda de ropa, los niños vienen con otro gen futbolístico de serie que salta cuanto menos te lo esperas y los convierte en pequeños hooligans.

Creía que tenía ganada mi guerra personal contra el fútbol porque mi hijo era de mi bando: mostraba un desinterés total por el balón y el equipo de los amores de su padre, Osasuna. Me las prometía felices con mis tardes de cocinitas y obras, cualquier cosa con tal de no hablar de chutes, paradones o fueras de juego. Hasta que ayer, sin saber cómo, al pequeño se le encendió la chispa del fútbol. Sigue leyendo