Archivo de la categoría: Salud

¿Sabes cómo auxiliar a tu hijo en caso de accidente? (1/2)

¿Sabías que si tu hijo se bebe suavizante no hay que provocarle el vómito? ¿O que si se clava un lápiz en el ojo no hay que quitárselo? Los nervios y la desesperación que sentimos los padres ante un accidente de nuestros hijos sólo puede combatirse con formación: estar preparado y saber qué hacer y qué no hacer es la mejor manera para auxiliar de la mejor manera posible.

El sábado participé en un taller de primeros auxilios y prevención de accidentes en la infancia muy completo y en el que pudimos practicar la RCP, la reanimación cardiopulmonar, con maniquís de simulación de bebés menores de un año, un niño pequeño y un adulto. Un curso de cuatro horas que se organiza en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra de vez en cuando, pero también hay talleres dirigidos a padres y personas interesadas en Cruz Roja, por ejemplo.

reanimación cardio pulmonar a un bebé

Los maniquís con los que practicamos la RCP en bebés menores de un año y en los que podíamos comprobar si se movía el tórax cuando dábamos bien las respiraciones.

El curso, impartido por una pediatra, nos puso en todo tipo de situaciones: fracturas, amputaciones, quemaduras, picaduras de insectos, heridas, mordeduras, hemorragias, heridas en los ojos y atragantamientos y ahogamientos.  Sigue leyendo

Pilates para recuperarse del embarazo y el parto

Llevo casi dos meses practicando Pilates y en este poco tiempo no puedo estar más contenta con el resultado. Desde el parto, hace ya dos años, he buscado volver a ponerme en forma sin conseguirlo por problemas de horarios. Los meses de baja maternal me apunté a un gimnasio con horario flexible, y me fue muy bien, aunque tuve que dejarlo al volver a trabajar. Tampoco me llegaron a convencer del todo las palizas que me daba, la sensación de cansancio constante y cómo llevaba todo esto con la lactancia. Un año más tarde empecé a correr, pero lo dejé por el mal tiempo.

Tengo la sensación de que el Pilates estuvo de moda hace un tiempo pero ahora no tanto, y de que se está dejando de lado por actividades como la zumba, por ejemplo. Pero a mí siempre me ha funcionado, y ahora que tengo poco tiempo y una vida más complicada con la maternidad, se ha convertido en mi gran descubrimiento.

Pilates posparto

He tenido la suerte de encontrar un espacio donde se practica Pilates cerca de casa, con muy pocas alumnas y un profesor que sabe mucho y se explica de maravilla. Y en dos meses he conseguido fortalecer mi cuerpo en general, sobre todo la zona del abdomen y mi suelo pélvico, justo donde quería incidir. Pero además, me siento mejor, menos cansada y más relajada, que no es poco. Bendito efecto el del deporte. Desde que empecé con Pilates me siento mucho mejor y estoy recuperando mi figura de forma más evidente. Sigue leyendo

Nuestra experiencia de porteo: de la Baby Björn a la Boba Air

Lo reconozco, he sido una madre colgona y no porteadora. Y la diferencia entre ambas es abismal, sobre todo para el bebé. Así que, por si acaso aún no te has enterado de que la famosa mochila Baby Björn que se regala y presta entre familias (así llegó a nuestras manos) no es beneficiosa para el bebé, estás a tiempo de rectificar. Nosotros lo hemos hecho y, en estas cosas, más vale tarde que nunca.

Cuando nació mi hijo nos dejaron la Baby Björn, esa mochila comercial que se vende en todos lados y que se presenta como ergonómica y segura, pero que no lo es tanto. Es una mochila colgona, que deja al bebé colgando de sus genitales, que no le ofrece una postura adecuada (fuerza su columna) y que, además, reparte mal el peso y carga al porteador.

Un buen portabebés (cualquiera de ellos, fular, mei-tai, bandolera de anillas…) o mochila ergonómica hace que el bebé mantenga su postura natural, la que tiene en el útero: la espalda en C y las piernas como una ranita (aquí más información sobre esta postura) o formando una M y siempre con el cuello sujeto. Evita la displasia de cadera y hace que el bebé se encuentre a la altura necesaria de quien le portea, cerca del corazón y el pecho.

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Los silbadores felices y el niño cafetera

Mi hijo es del club de los silbadores felices. No es un grupo de la bebeteca ni nada parecido, es como se llaman a los niños que hacen ruido al respirar constantemente, pero a quienes esta condición no les afecta en sus actividades cotidianas: comen, beben y juegan con normalidad.

Desde que nació, el enano ha hecho mucho ruido, sobre todo cuando se altera jugando, cuando hacemos como que le perseguimos, cuando se concentra con algo, cuando se ríe mucho, cuando anda o gatea de un lado a otro… Es decir, básicamente casi siempre. Parece una cafetera a punto de bullir el pobre, con un ruido al respirar parecido, como si se le hubiera quedado una flema cruzada. De hecho, alguna lumbrera que otra nos dijo en el ambulatorio que eso era una manía suya, y que hacía ese ruido porque no tosía la flema. Sigo sin encontrarle lógica a esa argumentación, por cierto.

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Imagen de voraorn (freedigitalphotos.net)

Cada vez que íbamos al pediatra sacábamos el tema, pero no le daban importancia. Últimamente ha ido a más, hasta el punto de acabar tosiendo si se alteraba jugando, y por fin, después de un chequeo, nos dijeron que no es asmático (lo que me temía, sobre todo siéndolo yo), sino que tiene el árbol respiratorio débil. Una condición muy común en niños menores de 3 años y sobre todo en prematuros y que los hace más proclives a padecer enfermedades de este tipo. Sigue leyendo

El susto de la encía negra

Qué tontería, pero me había imaginado que los dientes de los bebés crecen todos en el orden que les corresponde, como cogiendo la vez en la carnicería. El enano me tenía muy bien acostumbrada, y aunque se hicieron esperar 12 meses, a él le han crecido todo los dientes muy bien ordenados. Primero las dos paletas de abajo, -estaba graciosísimo-, y después las dos de arriba, -como un conejito que aprende a chocar los cuatro para empezar a usar sus nuevas armas a diestro y siniestro-. Y todos ellos le han salido de dos en dos, muy sincronizados y preparados para las fotos. Los otros dos incisivos laterales (los que están pegados a las palas superiores) también asoman a la vez y ordenados. Vamos, de libro.

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Hasta el momento no habíamos tenido ningún problema: ni fiebre, ni dolores, casi ni lo habíamos notado. Sólo el típico babear y a veces que se frotaba más de la cuenta en las encías con la comida. Me las prometía muy felices y creía que, una vez crecidos los incisivos, el resto de dientes sería coser y cantar. Pero no contaba con los molares: el primero ha venido dando guerra.

El otro día, en pleno lloro, descubrí que tenía un bulto negro en la encía. Superado el susto inicial (¿Habré visto bien? ¿se ha tragado un boli y le ha explotado en la encía? ¿se habrá dado un golpe en la boca?) y tras consultarlo con el doctor Google -sé que no se debe hacer, pero mejor eso que ir corriendo a Urgencias creyendo que tiene escorbuto o la lepra-, llegamos a la conclusión de que es un moratón por un diente que le estaba saliendo.

Una tumefacción blanda y circunscrita, lo que se denomina hematoma por erupción y al parecer es muy común (también desagradable). Consultando con una amiga odontóloga nos dijo que suele ocurrir en ocasiones, y que tan sólo hay que vigilar que no se forme un quiste o que no se infecte, lo cual es misión imposible en un bebé que no se deja abrir la boca más que para zampar galletas. Sigue leyendo

La terrible revisión de los 15 meses y las vacunas

La revisión de los 15 meses es terrible. Toca vacuna, pero no uno o dos pinchazos como en las anteriores, sino tres. Y con 15 meses el bebé tiene la suficiente edad como para darse cuenta de lo que pasa y de coger miedo, por siempre jamás, a la bata blanca.

Ayer nos tocó revisión general (por fin, qué ganas teníamos de conocer su talla, su peso y de que examinaran su grado de desarrollo) y pinchazos. Las vacunas del sarampión, rubeola, paperas y varicela. El pobre nene peleó como un león para evitar la aguja (lo qué les tiene que doler en sus rollizos muslos) y pataleó con más fuerza que nunca. En esta ocasión, además, le pincharon por primera vez en los dos brazos además de en la pierna. Como si lo crucificaran. Me temía el momento desde hacía semanas.

No me acostumbro a ver su carita cuando le pinchan. Al introducirle la aguja, no hay respuesta, quizá sólo susto, pero es al entrar el líquido cuando se pone rojo, abre la boca y su grito no arranca a salir. Llora y chilla después de unos segundos, cuando a los padres ya nos ha dado un vuelco al corazón al pensar que se ahoga. Cada vez que toca vacuna, lo mismo. Después, muchos mimos de su madre y una galleta salvadora. Y las preguntas de rigor: ¿Cuándo toca la próxima? ¿Qué le damos si le hace reacción? Sigue leyendo