Archivo de la categoría: Educación

Escolarizando en una lengua que no conocemos

Hace un año, tomamos una de las decisiones más difíciles, la de la elección del colegio, que en nuestro caso, además, estaba unida a la del modelo lingüístico. Tras pensárnoslo mucho y analizar diferentes opciones, y a pesar de que no sabemos euskera, acabamos escolarizando al pequeño en el modelo D (todas las asignaturas en euskera con asignatura de castellano y varias horas a la semana de inglés desde los 3 años).

En Navarra el mapa de los modelos lingüísticos es complejo y polémico, sobre todo porque esta decisión tiene mucho que ver con la ideología de cada uno. Por eso no es un tema en el que quiera meterme, ni voy a justificar nuestra decisión personal, sino hablar de cómo lo estamos llevando en casa. Porque no es como si mi hijo aprendiera ruso, -puesto que conocemos alguna palabra en euskera y no nos resulta una lengua ajena-, pero partíamos casi de cero.

La decisión fue difícil porque nos echaba para atrás que nosotros no domináramos esa lengua, y teníamos miedo de que no pudiéramos acompañarle durante las tareas, que no alcanzara el nivel de sus compañeros (porque en casa no puede practicarlo) o incluso que no terminara de manejarse bien en castellano o en un tercer idioma (inglés). Ahora vemos que esos temores eran infundados.

escolarización

Las últimas dudas se me terminaron por despejar en una charla en la que trataron este tema con expertos. Éstas son mis conclusiones sobre qué pasa cuando escolarizas a un niño en una lengua que los padres no dominan. Hablo del euskera, pero vale para otras lenguas desconocidas para los padres: Sigue leyendo

Sobre ‘patxi’ y el respeto

Los sonidos y las nuevas palabras van llegando a nuestra casa, pero con cuentagotas. De momento, las contamos con los dedos de una mano y no se puede decir oficialmente que ya hable. Por insistencia de su abuelo, el pequeño ya dice “abu” desde hace unas semanas. La nueva incorporación al escaso diccionario de mi hijo de tres años es “matxi”, de amatxi, refiriéndose a su abuela. Pero esta nueva palabra no está afianzada del todo y aún hay confusiones: a veces “matxi” se convierte en “patxi”, con el premio de más besos y abrazos que cuando lo dice bien.

Abu y matxi, dos sustantivos que abarcan a los cuatro abuelos, son ahora mismo un triunfo en casa y se repiten sin parar por teléfono. De pronto, al pequeño se le ha abierto un mundo, porque se ha dado cuenta de que sólo intercalando esas palabras en su discurso plagado de onomatopeyas y gestos puede hablar de la huerta del abuelo, de los juguetes de la amatxi o del pueblo y el gato de los abuelos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa, pero ha dado pie a que los tíos tengan la esperanza de ser su próxima palabra: “Ti-o”. “tí-a”, “Tina”… ya todo vale. Pero cuando le vienen con esas, el enano les suelta un “matxi” (o “patxi” si ya se está terminando el día y las fuerzas escasean) una subida de hombros y un ‘no’ y lo da por zanjado. Bastante hemos progresado, no la vayamos a liar.

leyenda

Sigue leyendo

Un libro y un juego para poner nombre a las emociones

caras y emociones

Uno de los libros que más me gusta de nuestra librería es ‘El monstruo de colores‘ de Anna Llenas, un cuento perfecto para niños de dos o tres años en el que aprenden a poner nombre a las emociones que sienten. Algo que puede parecer que se aprende solo, pero que es muy importante, más aún con niños que todavía no hablan, como es nuestro caso.

Lo descubrí en una librería y me enamoró desde el primer momento, y aunque no es el cuento favorito de mi hijo, siempre que lo leemos me sorprende con alguna conclusión interesante sobre cómo se siente, expresando cosas que sin este libro se habrían quedado sin decir. Sólo por eso, ya merece la pena.

En el libro se explican cinco emociones sencillas y básicas: alegría, tristeza, rabia, miedo y calma, cada una con un color muy representativo (amarillo, azul, rojo, negro y verde). Esta asociación de ideas funciona muy bien con niños pequeños, a quienes se les puede explicar qué sensaciones nos transmite cada color. Es, además, una vinculación de ideas que tenemos muy interiorizada y que hemos visto otras muchas veces, como en la película ‘Inside Out’, por ejemplo, donde los colores de las emociones protagonistas coinciden (salvo asco, que allí es verde y en este libro representa la calma y tranquilidad).

El monstruo de coloresNo dejo de recomendar este libro porque, además de bonito (preciosas las ilustraciones y la idea de diseño de fondo) tiene muchísimas posibilidades, como las que propone Pequefelicidad en este post con actividades. Existen, por cierto, audiocuentos del libro y uno en formato pop-up que me parece casi una obra de arte (regalazo para Navidad, ¿verdad?).

Pero para ahondar más en el tema y en los rasgos faciales de cada sentimiento o emoción, hace poco me saqué de la manga un juego de las caras, una versión del Mr Potato pero en papel, más sencilla pero bastante efectiva. Es algo tan simple como dibujar una cara sobre la que se pegan ojos tristes, contentos o asombrados con sus correspondientes bocas. A partir de aquí, se pueden hacer muchas combinaciones y variantes. Sigue leyendo

La maternidad nos hace más creativos

Desde que soy madre, soy mucho más creativa. Creo firmemente en que la maternidad y la crianza nos hace ser personas mucho más creativas que antes, por el simple hecho de que hay que ir resolviendo problemas que van a pareciendo (me temo que cada vez más complicados) y para los que hay que echar mano de soluciones imaginativas, novedosas y prácticas.

Supongo que ya era antes creativa, pero lo he potenciado: es algo que se trabaja y se desarrolla, más aún si se practica a diario y en todas las facetas de nuestra vida. Por eso, creo que los padres y madres tienen un plus de creatividad y de sentido práctico por el que las empresas deberían estar frotándose las manos cada vez que nos emplean, pero ese es otro tema.

La crianza da lugar a muchísimas oportunidades para desarrollar nuestra creatividad, aunque yo he identificado tres principales:

patinete por el campo

Sigue leyendo

Al cole con pañal

A la hora de retirar el pañal a un niño sólo hay que seguir un consejo: hacerlo cuando esté preparado. Por eso nuestro intento de operación pañal de este verano ha resultado un desastre. Sabíamos que no estaba maduro todavía a pesar de sus casi 33 meses, pero ante el inicio del colegio y presionados por las circunstancias, quisimos intentarlo una semana antes, por ver si por casualidad sonaba la flauta.

¿Y qué ha pasado por empezar el cole con pañal? Absolutamente nada, gracias a que las educadoras que nos han tocado lo han entendido perfectamente y son partidarias de respetar los ritmos de cada niño, sabiendo que entre los de principios y finales de año dista casi un año y eso es muchísimo en esta edad. De hecho, dicen que la edad media de adquisición del control de esfínteres durante el día es de 32,5 meses para las niñas y 35 meses para los niños, como se explica en este artículo muy recomendable sobre qué hacer en esta situación. Una edad media que se sigue sin respetar y que se tiende a adelantar.

al cole con pañal

Este tema, como el de hablar (sigue sin decir nada más allá de mamá y papá), es algo que llevamos a otro ritmo, pero no me preocupa, más allá de que inicie el colegio unos pasos más atrás que el resto de niños, como me temía al decir si es demasiado pronto para la educación infantil.

Al final, hemos empezado esta semana el cole con pañal, o bragapañal más bien, una fórmula intermedia para que el niño pueda subirse y bajarse él solo todo para ir al baño (evita escapes pero tampoco es tan fácil de bajárselo como un simple calzoncillo). Las profesoras nos han dado la tranquilidad que buscábamos, porque el proceso de retirada del pañal de la última semana había sido duro y estresante: entre cinco y seis cambios completos de ropa diarios porque no era capaz de avisarnos y se lo hacía encima cada vez. En casa, pasábamos el día con la fregona arriba, pero fuera de casa sudábamos la gota gorda para que no se lo hiciera en el parqué de otros y recurríamos a preguntar cada cinco minutos si tenía ganas hasta hartarle. Efectivamente, justo lo que no hay que hacer. Sigue leyendo

Entendiendo lo que pasa en su cabeza. ‘El cerebro del niño’

Estas vacaciones he leído un libro que me ha enseñado mucho sobre mi hijo y que recomiendo fervientemente: El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo‘, de Daniel Siegel. Es un texto riguroso, científico, pero que se entiende muy bien y está escrito desde el punto de vista de los padres, con ejemplos aclaratorios y que arrojan luz sobre cómo actuar con nuestros hijos en el día a día.

Esto es lo que me ha entusiasmado del libro, que te da claves sobre lo que realmente pasa dentro de la cabeza de los pequeños cuando hacen lo contrario de lo que se les dice o tienen reacciones inexplicables. El libro se centra en niños de 0 a 12 años (con estrategias para cada edad), aunque para más mayores tiene otro que se publicó el año pasado, titulado  Tormenta cerebral. El poder y el propósito del cerebro adolescente‘.

portada 'el cerebro del niño'

El libro no se enfoca únicamente en las rabietas ni en los conflictos, sino en todos los momentos, en el día a día. Habla de cómo podemos los padres aprovechar cada momento rutinario para hacer que nuestros hijos desarrollen su cerebro, tratándolo como oportunidades de crecimiento y aprendizaje y también, por supuesto, en los momentos más difíciles. Su visión positiva de todo lo que podemos hacer los padres por cultivar la mente de nuestros hijos es muy esperanzadora.

Y sobre todo, no resulta agobiante, como sí lo son otros libros de crianza en los que acabas terminando que debes actuar como un robot: “No es realista pensar que puedes aprovechar todos los momentos que tienes con tu hijo. Lo que cuenta es que seas consciente de las oportunidades cotidianas para fomentar el desarrollo de tus hijos. Y sí, a veces incluso está bien dejar pasar uno de esos momentos ideales en que podrías enseñar algo”. Sigue leyendo