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Eligiendo un buen juguete: de Tupper toy con Alupé

juguetes

¿Has participado alguna vez en un tupper toy? Es una forma perfecta de conocer con qué juguetes y materiales conecta tu hijo y de poder tocar y ver de primera mano objetos de juego libre y creativo. El viernes pasado organizamos un encuentro así con las hermanas que están detrás de la tienda online Alupé y fue una experiencia muy enriquecedora.

Icíar y Bego nos recordaron la importancia de la elección de los juguetes, de que estén bien ordenados y a disposición de los más pequeños y de que su juego sea libre. Mejor pocos y bien seleccionados, que muchos. Sigue leyendo

La suerte de tener pueblo

vista

Tener un pueblo es una suerte. Es algo que intuía, que sabía porque me lo habían repetido mil veces desde pequeña, pero que ahora, al tener un hijo, se me ha descubierto como una gran verdad. Vivimos en un pueblo grande pegado a Pamplona, que tiene las ventajas de lo rural y de la ciudad. Pero además, por mi parte y por la de su padre, mi hijo tiene otros dos pueblos más para elegir: uno en la zona media de Navarra y otro en pleno valle pirenaico. Tres visiones completamente diferentes de pueblos que se complementan y que ofrecen un abanico interminable de oportunidades diferentes: amigos, montaña, río, fiestas, piscina, campo, animales…

He pensado mucho en ello toda mi vida, pero ahora que puedo observarlo de cerca en mi hijo es más evidente todavía: los niños que tienen pueblo son diferentes. Tienen un conocimiento más rico, más de andar por casa, más pegado a la naturaleza. Porque experimentan más y tienen una mayor libertad. Sigue leyendo

Escolarizando en una lengua que no conocemos

Hace un año, tomamos una de las decisiones más difíciles, la de la elección del colegio, que en nuestro caso, además, estaba unida a la del modelo lingüístico. Tras pensárnoslo mucho y analizar diferentes opciones, y a pesar de que no sabemos euskera, acabamos escolarizando al pequeño en el modelo D (todas las asignaturas en euskera con asignatura de castellano y varias horas a la semana de inglés desde los 3 años).

En Navarra el mapa de los modelos lingüísticos es complejo y polémico, sobre todo porque esta decisión tiene mucho que ver con la ideología de cada uno. Por eso no es un tema en el que quiera meterme, ni voy a justificar nuestra decisión personal, sino hablar de cómo lo estamos llevando en casa. Porque no es como si mi hijo aprendiera ruso, -puesto que conocemos alguna palabra en euskera y no nos resulta una lengua ajena-, pero partíamos casi de cero.

La decisión fue difícil porque nos echaba para atrás que nosotros no domináramos esa lengua, y teníamos miedo de que no pudiéramos acompañarle durante las tareas, que no alcanzara el nivel de sus compañeros (porque en casa no puede practicarlo) o incluso que no terminara de manejarse bien en castellano o en un tercer idioma (inglés). Ahora vemos que esos temores eran infundados.

escolarización

Las últimas dudas se me terminaron por despejar en una charla en la que trataron este tema con expertos. Éstas son mis conclusiones sobre qué pasa cuando escolarizas a un niño en una lengua que los padres no dominan. Hablo del euskera, pero vale para otras lenguas desconocidas para los padres: Sigue leyendo

Sobre ‘patxi’ y el respeto

Los sonidos y las nuevas palabras van llegando a nuestra casa, pero con cuentagotas. De momento, las contamos con los dedos de una mano y no se puede decir oficialmente que ya hable. Por insistencia de su abuelo, el pequeño ya dice “abu” desde hace unas semanas. La nueva incorporación al escaso diccionario de mi hijo de tres años es “matxi”, de amatxi, refiriéndose a su abuela. Pero esta nueva palabra no está afianzada del todo y aún hay confusiones: a veces “matxi” se convierte en “patxi”, con el premio de más besos y abrazos que cuando lo dice bien.

Abu y matxi, dos sustantivos que abarcan a los cuatro abuelos, son ahora mismo un triunfo en casa y se repiten sin parar por teléfono. De pronto, al pequeño se le ha abierto un mundo, porque se ha dado cuenta de que sólo intercalando esas palabras en su discurso plagado de onomatopeyas y gestos puede hablar de la huerta del abuelo, de los juguetes de la amatxi o del pueblo y el gato de los abuelos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa, pero ha dado pie a que los tíos tengan la esperanza de ser su próxima palabra: “Ti-o”. “tí-a”, “Tina”… ya todo vale. Pero cuando le vienen con esas, el enano les suelta un “matxi” (o “patxi” si ya se está terminando el día y las fuerzas escasean) una subida de hombros y un ‘no’ y lo da por zanjado. Bastante hemos progresado, no la vayamos a liar.

leyenda

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Un libro y un juego para poner nombre a las emociones

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Uno de los libros que más me gusta de nuestra librería es ‘El monstruo de colores‘ de Anna Llenas, un cuento perfecto para niños de dos o tres años en el que aprenden a poner nombre a las emociones que sienten. Algo que puede parecer que se aprende solo, pero que es muy importante, más aún con niños que todavía no hablan, como es nuestro caso.

Lo descubrí en una librería y me enamoró desde el primer momento, y aunque no es el cuento favorito de mi hijo, siempre que lo leemos me sorprende con alguna conclusión interesante sobre cómo se siente, expresando cosas que sin este libro se habrían quedado sin decir. Sólo por eso, ya merece la pena.

En el libro se explican cinco emociones sencillas y básicas: alegría, tristeza, rabia, miedo y calma, cada una con un color muy representativo (amarillo, azul, rojo, negro y verde). Esta asociación de ideas funciona muy bien con niños pequeños, a quienes se les puede explicar qué sensaciones nos transmite cada color. Es, además, una vinculación de ideas que tenemos muy interiorizada y que hemos visto otras muchas veces, como en la película ‘Inside Out’, por ejemplo, donde los colores de las emociones protagonistas coinciden (salvo asco, que allí es verde y en este libro representa la calma y tranquilidad).

El monstruo de coloresNo dejo de recomendar este libro porque, además de bonito (preciosas las ilustraciones y la idea de diseño de fondo) tiene muchísimas posibilidades, como las que propone Pequefelicidad en este post con actividades. Existen, por cierto, audiocuentos del libro y uno en formato pop-up que me parece casi una obra de arte (regalazo para Navidad, ¿verdad?).

Pero para ahondar más en el tema y en los rasgos faciales de cada sentimiento o emoción, hace poco me saqué de la manga un juego de las caras, una versión del Mr Potato pero en papel, más sencilla pero bastante efectiva. Es algo tan simple como dibujar una cara sobre la que se pegan ojos tristes, contentos o asombrados con sus correspondientes bocas. A partir de aquí, se pueden hacer muchas combinaciones y variantes. Sigue leyendo

La maternidad nos hace más creativos

Desde que soy madre, soy mucho más creativa. Creo firmemente en que la maternidad y la crianza nos hace ser personas mucho más creativas que antes, por el simple hecho de que hay que ir resolviendo problemas que van a pareciendo (me temo que cada vez más complicados) y para los que hay que echar mano de soluciones imaginativas, novedosas y prácticas.

Supongo que ya era antes creativa, pero lo he potenciado: es algo que se trabaja y se desarrolla, más aún si se practica a diario y en todas las facetas de nuestra vida. Por eso, creo que los padres y madres tienen un plus de creatividad y de sentido práctico por el que las empresas deberían estar frotándose las manos cada vez que nos emplean, pero ese es otro tema.

La crianza da lugar a muchísimas oportunidades para desarrollar nuestra creatividad, aunque yo he identificado tres principales:

patinete por el campo

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