Archivo de la categoría: Educación

Adiós pañal, hola calzoncillo: hacerse mayor en un día

un verano sin pañal

Este verano, el enano se ha hecho mayor de golpe. Supongo que es así como ocurre: los cambios en la infancia son vertiginosos, suceden de semana en semana o incluso de un día para otro. Sólo basta con esperar. Con la retirada del pañal, nos ha pasado lo mismo. Se lo quitó de un día para otro. Un día llevaba pañal y body, y al otro vestía calzoncillos y nos pedía pis con toda naturalidad. Sin escapes, sin prisas y como quien lleva haciéndolo toda la vida.

Todavía no salimos de nuestro asombro, pero pensándolo bien, es normal que haya ocurrido así. Personalmente, tenía un miedo terrible a la dichosa operación pañal después de hacer un intento catastrófico el verano pasado: estaba muy inmaduro y sólo conseguimos desesperarnos después de una semana con seis cambios de ropa diarios. Empezó el primer año de cole con pañal y creímos que hacia Navidad podríamos hacer un segundo intento, pero no fue así.

En todo este tiempo, estuvimos apoyados por el centro educativo y, a pesar de ser el único niño del colegio con pañal en clase, no nos pusieron problemas. Sigue leyendo

El juego simbólico para quitar miedos

jugando

Hay veces en que hablar las cosas simplemente no funciona. Cuando el peque tiene un problema, tratamos de verbalizarlo y explicar qué ocurre, pero hay ocasiones en las que no nos vale, porque está atrapado en una emoción negativa o porque no puede seguir un razonamiento demasiado largo o complejo. Poco a poco, hemos descubierto que el juego simbólico nos ayuda mucho a solucionar estos problemas y a desatascar sus emociones: haciendo un teatrillo para que entienda mejor las cosas, por ejemplo, o ayudándole a ponerse en el lugar del otro para comprender lo que le ocurre.

Desde hace unos meses, el enano tiene pánico a ir al médico o a cortarse el pelo. Se bloquea, se vuelve completamente irracional y no es capaz de entender que las tijeras no van a hacerle daño o que sólo quieren mirarle una herida. Él, que es muy tranquilo, ha llegado a pegarle a la peluquera cuando estaba fuera de sí, nada podía rozarle la cabeza. Para superar este miedo, -que ha surgido tras pasar una mala temporada de pruebas médicas y hospitales que afectarían a cualquiera-, en el cole nos recomendaron algo tan sencillo como que jugáramos a médicos. Sigue leyendo

Eligiendo un buen juguete: de Tupper toy con Alupé

juguetes

¿Has participado alguna vez en un tupper toy? Es una forma perfecta de conocer con qué juguetes y materiales conecta tu hijo y de poder tocar y ver de primera mano objetos de juego libre y creativo. El viernes pasado organizamos un encuentro así con las hermanas que están detrás de la tienda online Alupé y fue una experiencia muy enriquecedora.

Icíar y Bego nos recordaron la importancia de la elección de los juguetes, de que estén bien ordenados y a disposición de los más pequeños y de que su juego sea libre. Mejor pocos y bien seleccionados, que muchos. Sigue leyendo

La suerte de tener pueblo

vista

Tener un pueblo es una suerte. Es algo que intuía, que sabía porque me lo habían repetido mil veces desde pequeña, pero que ahora, al tener un hijo, se me ha descubierto como una gran verdad. Vivimos en un pueblo grande pegado a Pamplona, que tiene las ventajas de lo rural y de la ciudad. Pero además, por mi parte y por la de su padre, mi hijo tiene otros dos pueblos más para elegir: uno en la zona media de Navarra y otro en pleno valle pirenaico. Tres visiones completamente diferentes de pueblos que se complementan y que ofrecen un abanico interminable de oportunidades diferentes: amigos, montaña, río, fiestas, piscina, campo, animales…

He pensado mucho en ello toda mi vida, pero ahora que puedo observarlo de cerca en mi hijo es más evidente todavía: los niños que tienen pueblo son diferentes. Tienen un conocimiento más rico, más de andar por casa, más pegado a la naturaleza. Porque experimentan más y tienen una mayor libertad. Sigue leyendo

Escolarizando en una lengua que no conocemos

Hace un año, tomamos una de las decisiones más difíciles, la de la elección del colegio, que en nuestro caso, además, estaba unida a la del modelo lingüístico. Tras pensárnoslo mucho y analizar diferentes opciones, y a pesar de que no sabemos euskera, acabamos escolarizando al pequeño en el modelo D (todas las asignaturas en euskera con asignatura de castellano y varias horas a la semana de inglés desde los 3 años).

En Navarra el mapa de los modelos lingüísticos es complejo y polémico, sobre todo porque esta decisión tiene mucho que ver con la ideología de cada uno. Por eso no es un tema en el que quiera meterme, ni voy a justificar nuestra decisión personal, sino hablar de cómo lo estamos llevando en casa. Porque no es como si mi hijo aprendiera ruso, -puesto que conocemos alguna palabra en euskera y no nos resulta una lengua ajena-, pero partíamos casi de cero.

La decisión fue difícil porque nos echaba para atrás que nosotros no domináramos esa lengua, y teníamos miedo de que no pudiéramos acompañarle durante las tareas, que no alcanzara el nivel de sus compañeros (porque en casa no puede practicarlo) o incluso que no terminara de manejarse bien en castellano o en un tercer idioma (inglés). Ahora vemos que esos temores eran infundados.

escolarización

Las últimas dudas se me terminaron por despejar en una charla en la que trataron este tema con expertos. Éstas son mis conclusiones sobre qué pasa cuando escolarizas a un niño en una lengua que los padres no dominan. Hablo del euskera, pero vale para otras lenguas desconocidas para los padres: Sigue leyendo

Sobre ‘patxi’ y el respeto

Los sonidos y las nuevas palabras van llegando a nuestra casa, pero con cuentagotas. De momento, las contamos con los dedos de una mano y no se puede decir oficialmente que ya hable. Por insistencia de su abuelo, el pequeño ya dice “abu” desde hace unas semanas. La nueva incorporación al escaso diccionario de mi hijo de tres años es “matxi”, de amatxi, refiriéndose a su abuela. Pero esta nueva palabra no está afianzada del todo y aún hay confusiones: a veces “matxi” se convierte en “patxi”, con el premio de más besos y abrazos que cuando lo dice bien.

Abu y matxi, dos sustantivos que abarcan a los cuatro abuelos, son ahora mismo un triunfo en casa y se repiten sin parar por teléfono. De pronto, al pequeño se le ha abierto un mundo, porque se ha dado cuenta de que sólo intercalando esas palabras en su discurso plagado de onomatopeyas y gestos puede hablar de la huerta del abuelo, de los juguetes de la amatxi o del pueblo y el gato de los abuelos.

El esfuerzo ha tenido su recompensa, pero ha dado pie a que los tíos tengan la esperanza de ser su próxima palabra: “Ti-o”. “tí-a”, “Tina”… ya todo vale. Pero cuando le vienen con esas, el enano les suelta un “matxi” (o “patxi” si ya se está terminando el día y las fuerzas escasean) una subida de hombros y un ‘no’ y lo da por zanjado. Bastante hemos progresado, no la vayamos a liar.

leyenda

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