No es pasión, es una obsesión

Ya se barruntaba desde hacía meses, pero ahora ya es una evidencia. La pasión de mi hijo por la camiseta del equipo de sus amores es ya toda una obsesión. Siente la necesidad de vestirla a todas horas, algo que roza ya la manía enfermiza y me trae de cabeza. A mí, que el fútbol ni fú ni fa, va y me sale un hooligan que no quiere vestirse de paisano ni para echar la siesta.

No exagero, es que él sólo piensa en esa camiseta para las grandes citas (ceremonias, fiestas navideñas, excursiones, cumpleaños, visitas al médico) y para las pequeñas, (ir al colegio, irse a la cama, salir a parque o pasar el finde en el pueblo). La pelea de todas las mañanas no es, como en otras familias, por llegar pronto a clase, sino por evitar que se vista siempre con la camiseta gorria de sus amores. Confieso que se la he llegado a esconder en lo alto del armario, en el fondo del cajón, en el cesto de la ropa sucia… pero él la recupera incluso de dentro de la lavadora. Que esté sucia no es impedimento de nada.

futbol osasuna

La camiseta es un regalo de su padre que le despertó un curioso gen futbolístico que nunca ha vuelto a dormitar. Y lo interesante del tema (y digno de un estudio en laboratorio) es que al enano no le gusta el fútbol, ni jugarlo ni verlo en la tele o en el campo, pero si le hablan de Osasuna se vuelve loco de orgullo. Difícil de entender.

La camiseta le transforma, le da alas. Es su superpoder de superman, ese que le hace volverse más sociable (cómo somos en este país que el tema del fútbol inicia muchísimas conversaciones) y también más rápido corriendo, como él jura y perjura. Algo que estaría muy bien, si no se parara cada treinta segundos a revisar que el escudo de la LFP sigue sujeto en su manga derecha. La de carreras que ha perdido con otros amiguitos por frenar en seco para ver que todo en su camiseta seguía en orden.

El rojo le sienta bien, sí, pero la camiseta de fútbol no casa bien con el invierno. Porque él no quiere llevarla oculta tras capas de ropa. O va encima del jersey (una atrocidad a la vista) o peor aún, sobre el abrigo. Si no, es capaz de quedarse en el parque en manga corta en pleno enero con tal de lucirla. A mí me desquicia completamente y él se ríe pensando que es porque mí no me gusta Osasuna, haciendo el gesto de que estoy turuleta.

camiseta de osasuna

Y no, no se soluciona comprando otra camiseta para que al menos la que lleve puesta esté limpia, como todo el mundo propone. Porque lo sorprendente de esta obsesión es que para el enano no hay otra camiseta igualable en la faz de la tierra. Ni la equipación de este año (él lleva la de la pasada temporada, pero sigue sin darse cuenta), ni bufanda, ni gaitas. Le parece algo así como un ultraje cambiar de camiseta, aunque la suya tenga ya bolos en la tripa. Y todas estas sutiles apreciaciones las hemos sacado a través de sus gestos, lo que muestra las horas de conversaciones y terapia que llevo con el tema sin lograr frutos. Seguiré peleando por vestirlo de normal de vez en cuando, aunque haya tardes que desista de ello porque no le convence el argumento de que la reservamos para un momento mejor. ¿Qué mejor momento para un niño que el de ahora mismo?

¿Alguna obsesión similar en el tema del vestir que os lleve de cráneo? ¿Se pasará algún día?

9 pensamientos en “No es pasión, es una obsesión

  1. mamirecientecuenta

    Aixxx, esto de las obsesiones con algo de la ropa lo temo. A mi me dio por ponerme día sí y día también en pleno verano las botas de agua, cuando me las regalaron de pequeña. Dice mi madre que si no me las ponía montaba unos cirios… y claro, en verano se me cocían los pies, pero ahí estaba yo y por ahora la peque es muy enana para que se obsesione, pero miedo me da cuando le dé la venada.
    Paciencia

    Saludos

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    1. yademasmama Autor

      Uf, me imagino recociéndote los pies por placer… Estas obsesiones infantiles son terribles. Sobre todo espero que se pasen rápido y queden en una anécdota. ¡Gracias!

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  2. UrbanandMom

    Sí, eso de las equipaciones de fútbol me suena un poco. En nuestro caso tenemos una para cada día la semana. Los fines de semana alternamos: el día que hacemos plan “guarreras” se puede poner la de gala de su equipo, el otro día está prohibida. Eso es lo máximo que hemos conseguido, pero ánimo que espero que todo se pase.

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    1. yademasmama Autor

      Bueno, pues ya es mucho, jaja. Lo de las equipaciones de fútbol es terrible, qué coñazo, jaja. No me gustan nada, pero es lo que nos ha tocado…

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  3. Mamá Pata

    Me meo con tu enano! Y lo guapo que va de gorria! Me le estoy imaginando cantando la canción del osasuna y me parto de risa! Mi pobre hija debe ser la única de clase que no tiene la camiseta del athletic, y cuando hay algún partido importante y todos la llevan yo le plantó un vestido rojo con unos leotardos blancos y va más contenta que el pipas! jajaja! La pobre en casa no ve nada de futbol, pero aun así le encanta el folclore que se monta con cada partido, y yo tengo que admitir que a mi también 😉

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    1. yademasmama Autor

      Jaja, Leti, pues haces muy bien, qué majica, cómo se contagia del folclore de cada partido 🙂 Este hijo si es que no le gusta osasuna, sólo la camiseta… En fin…

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  4. ¡Y yo con estas barbas!

    ¡¡Ay…!! ¡¡Me ha encantado esta entrada!! Si hay algo que no impide a un niño conseguir lo que quiera, es “suciedad” en la ropa… Jajajaja. Ya me imagino tu calvario, chica, pero… ¡¡qué gracioso, por favor!! Aquí mi amiga, lo más parecido respecto a ropa es lo típico de las botas de agua (aunque en la calle haga un solaco de justicia…), o una falda de Frozen, de tipo tul, rollo de disfraz, que cuando la pilla no hay quien se la quite.

    Esto es así, chica… Me temo que lo único será cambiar una cosa por otra, pero me da que la fijación por algo les va a durar…

    ¡Besote!

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