Como un mayor

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Nuestro pitufo está obsesionado con el agua. La de la piscina, la de la bañera, la de la ducha, la del grifo… y la del váter. Si tiramos de la cadena y él está por ahí gateando, se para en seco, como un perro que ha visto su presa, se da media vuelta, pone cara de velocidad y gatea a toda pastilla hacia el baño. No se vaya a perder el espectáculo. Se pone de pie como puede, se asoma, y a reír. Así que ahora es terminantemente obligatorio que la tapa del váter esté siempre bajada. El sábado, mientras me ponía rímmel frente al espejo, oí un ‘Ja, ja, ja’, me giré, y lo pillé metiendo la manita dentro, haciendo chop chop en el agua como quien está en la piscina.

Esa carcajada diabólica (porque es un poco fingida y suele ir acompañada de alguna idea rara) es una de las cosas de mayores que ha aprendido hace poco. A mí me parece sospechosa, pero ha triunfado entre los abuelos y nos lo comemos a besos cada vez que la suelta, así que él está encantado.

Porque resulta que ahora al nene le ha dado por hacer cosas de mayores. Ya no quiere beber agua de su biberón, prefiere de nuestro vaso, y rechaza el puré si ve comida en nuestros platos. Grita más y ha aprendido nuevos trucos. Si le decimos que no a algo y nos ponemos serios, nos mira fijamente y empieza a sonreír hasta que nos derrite. Nos tiene casi ganados. Sigue sin decir nada, ni una triste sílaba, pero se hace entender perfectamente gracias a su comodín, un ‘¡Eh!’ que utiliza para pedir cualquier cosa (agua, galletas, plátano, un juguete, la revista que estás leyendo, el mando de la televisión…). Me encanta porque le queda un poco pueblerino y lo consigue todo. ¿Cuál será su próximo truco?

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