Bebé a bordo… del avión

Ahora sé por qué se tarda tanto en embarcar y por qué se forma un tapón a la entrada del avión. Es por las familias con niños pequeños y sus dichosas silletas. Ayer, nosotros fuimos unos de ellos. Lo mejor de volar con un bebé es que te conviertes en un vip: tienes preferencia para embarcar y recibes toda la atención de las azafatas. Más que nada para que puedan meter rápido la silleta en bodega y para que incordies lo menos posible, pero algo es algo.

Estaba inquieta ante el hecho de coger el primer vuelo con mi pitufo, pero todo ha ido como la seda. De hecho, de las seis familias con bebés y niños que nos subimos al avión, el nuestro es el que mejor se ha portado. Porque aquello podía haber sido la guerra si el nene se hubiera unido a los bebés de pocos meses que lloraban a pleno pulmòn y al niño que chillaba porque nos caíamos al mar. Pero no, el nuestro estaba callado, gracias a que habíamos retrasado todo lo posible la siesta y al arsenal de galletas y colines con el que habíamos embarcado.

Además, ponerle al pecho nunca falla, y es la mejor manera para que a los bebés no se les taponen los oídos con la presiòn ni que tengan molestias durante el despegue y el aterrizaje. Momento en el que, por cierto, le dio la risa tonta. Sería porque las sacudidas del aviòn al tomar tierra le recordaban algún juego de los que se inventa su padre para lanzarlo al aire (juegos burros, como los llamo yo). Las carantoñas de los demás pasajeros y de la tripulación hicieron el resto. Veremos si la vuelta a casa se nos vuelve a dar tan bien.

volando con un bebé

Un pensamiento en “Bebé a bordo… del avión

  1. Pingback: Viajando con un bebé: cómo cambian las vacaciones | Y, además, mamá

Déjame un comentario con tu experiencia, ¡gracias!